Alejandro Sánchez  

Uruguay: un país menos desigual

20/04/2018

El Frente Amplio está elaborando, de manera colectiva, el próximo programa que presentará a la ciudadanía. De cara a este proceso de discusión realizaré una serie de artículos referidos a los avances y debes de los gobiernos frenteamplistas. En este sentido, uno de los temas que mayor preocupación nos genera es la desigualdad.

Al analizar los resultados de las políticas aplicadas por los gobiernos frenteamplistas se hace imposible no destacar el continuo crecimiento de nuestra economía acompañado de una notoria disminución de la brecha entre los más pobres y los más ricos. Según la última medición anual, de 2017, del Instituto Nacional de Estadística la pobreza en Uruguay afecta al 7,9 % de la población. Es el registro más bajo desde que se hace esta medición. Vale recordar que en el año 2006, la pobreza afectaba a 1,2 millones de uruguayos, mientras que en 2017 abarcó a 260.000. En la franja infantil, pasó de algo más del 56 % en 2006 a 17 % en la actualidad. Si bien la reducción de la pobreza no ha sido total la misma implicó que miles de uruguayos hayan mejorado su calidad de vida.

Hace dos semanas la revista británica “The Economist” publicó una nota elogiando el desempeño de la economía uruguaya, que ha crecido de manera consecutiva durante más de una década. Compara los resultados económicos desfavorables de Argentina y Brasil con relación a los nuestros y subraya que la apuesta por diversificar nuestro mercado ha tenido éxito.

El artículo maneja varios datos referidos al buen estado de salud de nuestra economía pero uno de los más significativos es que nuestro país ha podido alcanzar el “desacople” buscado en su vínculo con los países vecinos. Recalca que pese a su tamaño, Uruguay, a diferencia de Argentina y Brasil, no ha sufrido las recesiones económicas que los dos grandes vienen padeciendo.

Hace años sostenemos que este avance es un logro a resaltar: hoy nuestra economía no está condicionada por la de Argentina y Brasil. El proceso de “desacople” que nos habilita a estar en otra situación económica, diferente a la de nuestros “hermanos mayores”, no es producto del azar sino de definiciones políticas adoptadas por el gobierno frenteamplista para obtener la autonomía necesaria. Las diversas transformaciones estructurales procesadas a nivel productivo junto a la diferenciación institucional y a la gestión de la política económica permitieron que pese a las tremendas dificultades y tensiones macroeconómicas que aún persisten en la región, Uruguay siga creciendo.

Pero lo importante de este crecimiento económico es que fue acompañado por una fuerte política redistributiva lo que permitió que creciéramos económicamente como país pero que dicho crecimiento alcance a todos. Esta característica también fue motivo de halago por parte de Nada Al-Nashif jerarca de la Unesco que opinó que Uruguay es “uno de los últimos bastiones” de “políticas progresistas” en la región porque demuestra que “la inclusión social con crecimiento económico es posible”.

Al-Nashif sostiene en entrevista al semanario Búsqueda que “Mientras crece la ‘apatía política’ en América Latina, y con ello se erosiona su calidad democrática, Uruguay subsiste como un ‘bastión’ continental en políticas sociales ‘progresistas’ y como un ‘modelo’ capaz de ‘gestionar’ y mantener el crecimiento económico con inversión social.”

La afirmación de la jerarca es significativa dado que evidencia que es posible crecer económicamente y redistribuir. Cuando la oposición le resta valor a las políticas que han mejorado las condiciones de vida de la gente, alegando que los trabajadores están mejor porque la economía del país creció, es necesario recordar que ambas situaciones no están vinculadas de manera natural, sino a partir de una definición política como bien lo menciona Al-Nashif.

Porque en Uruguay, entre mediados de los 80 y finales de los 90 el país experimentó un crecimiento económico sostenido pero también hubo una tendencia persistente al aumento de la concentración del ingreso, fenómeno que se profundizó durante las crisis de los años 1982 y 2002.

Pese a ello, la tendencia se viene revirtiendo desde el año 2007. La distribución de ingreso, medida a través del Índice de Gini, que varía entre 0 y 1 según el grado de desigualdad, en 2016 se sitúo en el valor 0,383. Diez años atrás el valor del Índice de Gini era 0,455, indicando un mayor grado de desigualdad.

Más redistribución, menos desigualdad

El descenso del valor del Índice de Gini no fue por un mecanismo automático dependiente del crecimiento de la economía, fue por una batería de políticas que buscaron, con éxito, disminuir la desigualdad. Entre ellas se destaca el aumento del Gasto Público Social, la Reforma tributaria y la negociación salarial colectiva.

El Gasto Público Social (GPS) es una política pública determinante en la incidencia de la distribución final de los ingresos, al mismo tiempo que impacta sobre las condiciones de la misma en el futuro. Desde el año 2005 el incremento sostenido del GPS significó un aumento de 117% en términos reales, un guarismo superior al aumento del PIB (58%) y el propio Gasto Público Total (82%) en el mismo período.

Los recursos públicos invertidos en educación han crecido notoriamente. En 2005 representaban tan solo un 3,2% del PIB; mientras que esta cifra alcanzó en 2017 un valor de 4,9%. En el período 2004-2016 creció un 153% en pesos constantes de 2016.

Con relación a los recursos destinados a la Salud, los mismos se multiplicaron por 5 en términos reales en el período comprendido entre el 2004 y 2016, pasando a representar el 36% del gasto en salud en 2004 al 53% en 2016. Aumento que implicó un 230%.

Vale aclarar que Sistema Nacional Integrado de Salud implica la cobertura de salud del 100% de los trabajadores, jubilados y pensionistas, sus hijos menores y discapacitados y sus cónyuges.

El gasto en la Seguridad Social se ha incrementado en términos reales en el período comprendido entre 2005 y 2016 un 61%. Si tomamos en cuenta la distribución del gasto en transferencias monetarias por quintil, en 2004 se transfería el 45% al quintil 1 y en 2011 ese porcentaje llega al 65%.

Por otra parte, la reinstalación de los Consejos de salario en el año 2005 ha significado el aumento ininterrumpido del salario real y el incremento de la masa salarial como porcentaje del PBI. Después de haber alcanzado su nivel más bajo luego de la crisis de 2002-2003, la masa salarial retomó una senda de crecimiento sostenido llegando a alcanzar en 2016 el 49,5% del PIB. Para 2017 se espera que continúe creciendo y alcance 49,8%. El salario real aumentó un 53,8% del 2005 al 2017.

Por último, la reforma tributaria que implicó la simplificación de la estructura tributaria anterior con objetivos redistributivos, coadyuvó a disminuir la cargas de los impuestos en la población de ingresos más bajos. Los dos componentes principales de la reforma en relación al objetivo mencionado, son las rebajas de impuestos indirectos, en particular la disminución de las tasas de IVA de 26 y 17% a 22 y 10% respectivamente y la eliminación del COFIS. A su vez, la incorporación de la progresividad sobre impuestos directos, sustitución de IRP por IRPF, por la cual se aumenta la tasa efectiva de imposición a medida que aumenta el ingreso personal. El resultado de la aplicación de la reforma tributaria determinó una disminución de la desigualdad. La nueva estructura tributaria disminuye 1,25% el Índice de Gini en contraposición con la anterior que lo incrementaba en 1,43%.

Es un hecho que hoy vivimos en un país menos desigual al Uruguay de 2004, sin embargo no es suficiente. Tenemos por delante enormes desafíos como son la eliminación de la pobreza y la indigencia. Para ello es necesario pensar y repensar nuestras políticas económicas futuras de manera de continuar con la disminución de la brecha entre los más pobres y los más ricos y profundizar los avances obtenidos. Sobre este tema versará mi próxima nota.

Fuentes consultadas:

-“The magic of Montevideo, Uruguay’s record-setting economic growth streak”, The Economist.
-Uruguay es “uno de los últimos bastiones” de “políticas progresistas” en la región, opina jerarca de la Unesco
-Informe económico – financiero Exposición de motivos. Rendición de Cuentas y Balance de Ejecución Presupuestal Ejercicio 2016
-Boletín estadístico 2017
-Reformas de Gobernablilidad: Modificaciones fiscales en Uruguay; Pablo Ferreri, 2016.