Sebastián Sabini  

El Frente Amplio del futuro

05/02/2016

45 años nos separan de aquel 5 de febrero de 1971 cuando en medio de la tormenta fascista que se instalaba en  América Latina, la izquierda en Uruguay concretó el sueño casi imposible de aglutinarse en una coalición fuerte donde encontrasen cabida todos los partidos y movimientos políticos junto a los planteos de vastos sectores sociales hasta entonces relegados de la contienda política.

El Frente Amplio nació como  la respuesta enérgica a la necesidad de conformar ese espacio de articulación de las fuerzas antiimperialistas, populares y de izquierda en nuestro país. Contra todos los pronósticos, campeó la dictadura, fue actor clave en la recuperación democrática, pagó con  la cárcel y el exilio, hasta con  la vida de muchos de sus militantes.

Luego de la  feroz represión desatada por el gobierno de facto, a poco de la reapertura democrática  se convirtió en alternativa de gobierno en la capital del país, y logró mantener un planteo de políticas sociales cualitativamente distinto al aplicado por los gobiernos nacionales durante los´90. Volviéndose pieza clave de la resistencia al modelo neoliberal, privatizador y excluyente que se aplicó por parte de los partidos tradicionales desde la reapertura hasta la crisis. 

Finalmente, consiguió acceder al gobierno nacional, por tres períodos consecutivos con mayorías parlamentarias propias. No pueden caber dudas en que luego de más de una década de gobiernos del Frente Amplio nuestro país se transformó en muchos aspectos, que se traducen fundamentalmente en la mejora de la calidad de vida de enormes sectores de nuestra sociedad.

El Frente Amplio tuvo la capacidad de proponer una senda de crecimiento, distribución del ingreso, regulación del mercado de trabajo, políticas sociales, transparencia en el acceso al Estado y una larga lista a través de un programa político claro de alternativa y esperanza.

El Frente Amplio es la síntesis de todas esas luchas populares y hoy, 45 años después de su fundación debemos preguntarnos qué Frente Amplio necesitamos y necesita el Uruguay para seguir profundizando esas transformaciones para ese país más justo, igualitario, libre y democrático.

Nos encontramos frente a múltiples transiciones, que abarcan al Frente Amplio, a las organizaciones políticas y a otras fuerzas del campo popular. La izquierda está obligada a salir de la zona de confort, ya que los liderazgos que modelaron el proceso de la izquierda uruguaya de los últimos 30 años están dando paso a formas alternativas de referenciarse en la sociedad y hay que animarse a renovar.

La renovación no es una cuestión exclusivamente etaria, ya que el programa histórico del FA sigue en construcción, tiene que ver con fortalecer los vínculos con la sociedad y la preservación del proyecto político que se puede ver amenazado por razones meramente biológicas.

El Frente Amplio tiene ante sí un desafío colosal, el futuro inmediato nos interpela. Es el desafío de reinventarse, de subir a todas las expresiones de nuestro pueblo arriba del proyecto político, empujarlo, discutirlo y sembrarlo. Es el desafío de seguir transformando nuestra sociedad y profundizando la democracia, para ello necesitamos partidos políticos fuertes, activos, no solamente en el sentido electoral sino fundamentalmente en el sentido de ser actores relevantes de todas las discusiones estratégicas de un pequeño país como el nuestro. Discusiones sobre la cultura, la producción, la distribución, sobre la viabilidad de nuestro desarrollo en el marco del globalismo existente.

El Frente tiene que ser capaz de seguir profundizando la democratización de su toma de decisiones, siendo flexible a las nuevas formas de comunicación y el establecimiento de puentes con todos aquellos que depositan su confianza en él y se sienten identificados con su proyecto político. Las elecciones abiertas son un ejemplo de ello, pero solo una muestra de la potencialidad que nuestro partido político tiene. Por lo tanto un Frente Amplio más participativo no solo es posible, sino que es necesario para la preservación de la fuerza política, un partido que se cierra sobre sí mismo tiene altas chances de desaparecer y fagocitarse en sus discusiones internas.

Tiene que ser un actor central del debate y la agenda pública, estar un paso adelante del gobierno y articular con las organizaciones sociales, sobre la base de su programa político. No puede ser un mero amortiguador de las demandas ni una extensión del gobierno, defenderlo pero trabajar para su mejora, apoyarlo pero ser capaz de realizar propuestas de orientación y cambio, fundamentalmente, no olvidar que el gobierno no es un fin en sí mismo sino una herramienta de transformación.
       
Es un Frente Amplio que disputa el sentido común, que no elabora justificaciones para sus planteos, pues entiende que si la gente no entiende las cosas no es problema de la gente sino que hay que redoblar esfuerzos para tener mayor claridad. Que no se esconde ni esconde sus asuntos, transparente, que rinde cuentas a su pueblo y al pueblo.

El Frente Amplio del futuro es aquel que no rehúye de ningún debate, por más complejo que sea, en tanto entiende fundamental politizar y analizar todos los temas, principalmente aquellos que tienen consecuencias con el devenir histórico de las generaciones presentes y futuras.

Es aquel que construyó una nueva síntesis entre movimiento y coalición. Aquel que abre más canales de participación a la militancia, aquel que forma a sus militantes y mantiene informado a su pueblo.

El Frente Amplio del futuro es aquel, al cuál  la mayoría de los uruguayos eligió volver a votar por tercera vez no sólo para respaldar los cambios concretados, sino por la certeza de que va a profundizar todas las transformaciones que puso en marcha. Que siente orgullo de su historia y tiene confianza en el porvenir.

Publicado en: Montevideo Potal