Patricia Ayala  

Políticas de frontera

15/10/2015

En la frontera con Brasil estamos pasando nuevamente por una etapa de las tantas ya conocidas por todos los habitantes de esas tierras: las compras de habitantes radicados en nuestro territorio en comercios brasileños.

El jueves 8 de octubre, en la Comisión de Hacienda del Senado recibimos a una delegación de la ciudad de Rivera, cuyos integrantes plantearon las consecuencias que este hecho señalado les genera.

Esto realmente es así, se produce una migración mayor que la habitual hacia Brasil a comprar, ya que la diferencia de precios, en estos momentos, es importante.

Este suceso provoca un desempleo importante a nivel local y el cierre de muchos de los comercios, sobre todo de los más pequeños, que mas allá de sus dimensiones son generadores de puestos de trabajo.

Cuando era niña recuerdo que mis abuelos, que ambos tenían comercio, reclamaban en varias oportunidades cómo el cambio monetario afectaba la venta en Uruguay. Ya más grande lo mismo sucedía a mis tíos y, posteriormente, cuando ya era adulta, escuchaba a la sociedad comercial en su conjunto. Estando en la Junta Departamental de Artigas integramos delegaciones para plantear estos temas. Mi fuerza política realizó jornadas de debates acerca del tema: “Políticas de Frontera”. Y puedo seguir enumerando muchas otras más.

No me olvido de las repercusiones del cero kilo, establecido por el gobierno de Julio María Sanguinetti. Justamente, en aquel entonces, era la gente de Rivera la que planteaba que no es solución esta medida; y claro está que en este departamento, con una frontera seca cuyo límite con Brasil es demarcado por una calle, es prácticamente imposible de establecerlo.

Aprovecho para aclarar que no se ha determinado actualmente esa medida, sí el control del contrabando grande, no lo que nosotros llamamos “contrabando hormiga”, que es lo que permite que las familias compren sus artículos de primera necesidad.

Si reflexionamos, es evidente que si el dinero rinde más del otro lado de la frontera, nuestros habitantes cruzarán a comprar allá, más aún, cuando es algo que se encuentra naturalizado en cada uno de los que hemos nacido en la frontera.

Por otro lado no podemos olvidar que tenemos a nuestros comerciantes que piden a gritos medidas de control, porque los afecta muchísimo.

Terminamos los integrantes de una misma sociedad contradiciéndonos a nosotros mismos, por un lado queriendo comprar más barato y por otro perjudicándonos a todos en su conjunto vaciando nuestros propios comercios, que son quienes mayoritariamente generan empleo en la zona.

También debemos tener presente que no solo en lo comercial nos influye la frontera, si vamos a lo cultural, educacional, hábitos, costumbres, lenguaje, en todo estamos teñidos de la influencia brasileña y por otro lado nos sentimos poco atendidos por nosotros mismos, por “los uruguayos” de otras partes del país, como Montevideo, como nos referimos acá.

Es un tema para conversar largo y tendido, donde todos los habitantes de este paisito somos muy contradictorios al respecto.

En el norte nos sentimos olvidados, en el sur dicen que la mitad de la población vive allí, por lo tanto, se necesitan más recursos para esta zona.

¿De dónde son oriundos muchos de los que viven en el sur? ¿No seremos los del norte que nos vemos obligados a migrar por falta de oportunidades en nuestros departamentos?

No tengo temor en plantear esto y la posibilidad de discutir políticas de Frontera, ya que por los gobiernos nacionales han pasado colorados, blancos y ahora frenteamplistas, a todos nos duelen prendas.

No le tememos al debate.Y si de él definimos que no hay solución debemos plantearlo, y en caso que surja alguna solución temporaria para momentos como este, que los fronterizos sepamos y tengamos muy presentes que es para un momento determinado, no para siempre.

Publicado en: Diario La República