Lucía Topolansky  

La pública felicidad

24/06/2014
La cita está tomada de una breve misiva de Artigas a Juan Bautista Méndez, gobernador de Corrientes, del 21 de febrero de 1815.
 
Esta expresión de Artigas que solemos manejar con mucha asiduidad —la pública felicidad— tiene la característica de contener de manera simple y gráfica un montón de derechos y conquistas sociales por los que el gobierno del Frente Amplio, igual que Artigas en los años de La Patria Vieja,trabaja denodadamente, acertando muchas veces y errando algunas, pero siempre con ese objetivo como guía.
 
 
Es para conquistarla que este gobierno y bancada parlamentaria discutieron responsablemente y finalmente llegaron a acuerdos. También con los partidos de la oposición, a propósito de la Seguridad, la Educación, el Medio Ambiente y la Energía, (de esos acuerdos se informa en la página de presidencia del 7 de junio de 2010) y que luego fueron desconocidos por parte de la misma oposición. A causa de la pública felicidad se sacrificaron paladares frenteamplistas (nos tragamos sapos y culebras) para que la ciudadanía contara con las empresas públicas y los organismos de contralor integrados como marca la Constitución, aunque luego la posición haya desertado.
 
La importancia del concepto es fundamental porque define de qué lado está cada quién a la hora de gobernar. El aparato del Estado ejerce presión con las fuerzas que cuenta para que el cuerpo de normas dictadas se cumpla. La orientación de esas normas, los intereses que promueven, favorecer determinados sectores de la población, son decisiones que toma el gobierno.
 
El Frente Amplio en su abarcadora expresión de movimientos y partidos, corrientes políticas, mujeres y hombres militantes, tiene la conquista de la pública felicidad como gran denominador común. Es el aglutinador que nos mantiene juntos, que sostiene esta urdimbre básica donde tejemos lo necesario para concretarla.
 
La pública felicidad es un concepto abarcador, pero lo que contiene está en constante cambio. Como cambia la sociedad cambia también su contenido. La pública felicidad necesitaba hace un par de lustros atrás de los consejos de salario, de leyes para los trabajadores rurales, de leyes que ampararan a las personas que se desempeñan como trabajadoras domésticas. La pública felicidad precisaba que cientos de miles de uruguayos pudieran contar con un ministerio que diera solución a problemas tan elementales como tener la documentación que los incluyera como ciudadanos, para disfrutar de los derechos y responder a las obligaciones que se derivan de ese hecho. Que atendiera problemas como la emergencia social que devino de la crisis del 2002. Que desarrollara formas de atención a los más desposeídos. Y sobre todo que iniciara, con sus programas, distintas formas de salida de la marginalización a la que habían sido empujados.
 
La pública felicidad nos exige que defendamos los pasos dados hasta hoy y ya establece nuevos objetivos, sumados a los que debemos concretar aún y que dos períodos de gobierno no han podido resolver todavía.
 
Por eso, para continuar en pos de la pública felicidad, vamos por un tercer gobierno del Frente Amplio.