Julio Battistoni  

Los blancos, la minería y la poliacrilamida

05/02/2014

Tenía la intención de escribir sobre las competencias departamentales y sus limitaciones, es decir cuál es el alcance de la autonomía de estos gobiernos frente a las competencias del Estado central, motivado por cierto auge de los referendos departamentales. La minería es regulada por el Ministerio de Industria Energía y Minería, según se deduce del Código de Minería, ley actualizada en 2010, y por lo tanto está fuera de las competencias departamentales.

Un artículo aparecido en La República el viernes 31 de enero señalaba: “Ofensiva blanca por contrato de la minería”, que refiere a expresiones del precandidato a la presidencia del PN Jorge Larrañaga, me hizo cambiar el tema de esta nota, trataré solo una de sus afirmaciones, el uso de sustancias cancerígenas.

El senador se refiere a que en el proyecto de explotación de hierro la empresa Aratirí empleará poliacrilamida en el proceso de enriquecimiento del mineral. “Estiman que la poliacrilamida contiene arcrilamida y la Agencia Internacional para la Investigación sobre Cáncer ha catalogado a la arcrilamida como “probablemente carcinogénico para humanos”. Hay que aclarar que la acrilamida no es lo mismo que la poliacriamida, la primera es una molécula pequeña, la segunda grande, un polímero derivado de aquella.

Existen polímeros naturales (almidón, colágeno, quitina, celulosa, etc.) y polímeros sintéticos, es decir fabricados por el hombre (poliacrilamida, polietileno, poliestireno, poliuretano, silicona, poliéster -el PET-, etc.) que forman parte de nuestra vida diaria. Un polímero está constituido por la unión de moléculas mas pequeñas, denominadas monómeros. El monómero de la poliacrilamida es la acrilamida y del poliestireno, el estireno. A muchos de estos monómeros se recomienda manejarlos con cuidado en base a estudios realizados con animales. De momento no está claro que estos resultados puedan extrapolarse al hombre. Sin embargo lo polímeros derivados de aquellos son inocuos.

Centrémonos en la acrilamida y la poliacrilamida, compuestos que se emplean rutinariamente en los laboratorios de bioquímica para la caracterización de proteínas y ácidos nucleicos, por lo que los estudiantes de ciencias están acostumbrados a manejarlos.

Sorprendentemente se han encontrado trazas de acrilamida en alimentos (http://www.consumer.es/seguridad-alimentaria/ciencia-y-tecnologia/2005/0...). En mayo de 2002, las autoridades alimentarias suecas, publicaron varios estudios donde informaban de la presencia de grandes cantidades de acrilamida en alimentos ricos en almidón cocinados por encima de 120ºC. Un artículo publicado en 2003 confirma que la acrilamida ingerida en la dieta no constituye un peligro significativo para la salud humana (Mucci y cols., 2003), pero se debe seguir investigando.

Los procesos de preparación de los alimentos, especialmente en los que se usan altas temperaturas, parecen producir tóxicos para el ser humano. La exposición prolongada de grasa y aceites al calor, provoca muchos compuestos de toxicidad diversa. El ahumando produce hidrocarburos policíclicos aromáticos a los que se les atribuyen efectos cancerígenos por los epóxidos que generan (y de esto no se salva nuestro querido asado criollo).

También la poliacrilamida se usa en implantes de piel, nalgas, senos, es decir en medicina regenerativa y estética (http://med.unne.edu.ar/posgrado/estetica/clases/201327.pdf).

Pero la poliacrilamida en el proceso de explotación de hierro se empleará como floculante, que tal vez sea el uso industrial más común de este producto. También se emplea como floculante en la producción de agua potable. Su acción es acelerar o facilitar la sedimentación de las partículas que están en suspensión en el agua. La poliacrilamida en la naturaleza se degrada por la luz ultravioleta y luego por microorganismos. En este sentido es menos estable en la naturaleza que el PVC, por ejemplo.

Queda por aclarar la cantidad que se empleará en la floculación, el dato que aparece en el artículo es, a primera vista, descomunal; o se equivoca el informante del senador o la empresa Aratirí le erró al pasar el dato. Las palabras del senador crean una alarma pública, que nuestra población no se merece. No se merece que por afanes electorales se informe mal.

Por otra parte está el tema del contrato, el comportamiento de los nacionalistas en la comisión que trató el proyecto de ley de Minería e Gran Porte y que tuve el honor de presidir. También deberíamos tratar las inversiones que se aprobaron durante los gobiernos de la oposición, ahora llamada Partido de la Concertación y así hay que conocerlos, como dice el diputado Mahía, porque son lo mismo.

Los que han seguido mis artículos verán que detrás de la oposición a la minería hay una acción política, marcada por los tiempos electorales, diría que desesperada. Como Frente Amplio, lo hemos dicho hasta el hartazgo, nuestro objetivo es generar trabajo, sustentable, digno, para lo cual es necesario diversificar la producción. Creemos que sin trabajo, no hay justicia social, ni podremos reconstruir la sociedad diezmada por el neoliberalismo, pensamiento y fundamento de su accionar del Partido de la Concertación.