Julio Battistoni  

Actividades productivas y medioambiente

09/03/2014

En nuestro país hay al menos tres actividades productivas de envergadura que generan o generaron atención por el impacto ambiental: la producción de celulosa, la minería de metales y la actividad agropecuaria.

Con la planta de celulosa en Fray Bentos el gobierno del FA recibió una negociación ya encaminada con la empresa. Estando ya el FA en el gobierno, muchas voces alertaron sobre los posibles impactos ambientales. Yo participé en una reunión en Facultad de Química en la que unos 40 docentes analizamos el informe brindado por una colega. El gobierno le había solicitado que estudiara el manejo de los impactos en varias plantas de celulosa españolas. En esa reunión, luego de un detallado debate, hubo consenso en que había suficientes garantías técnicas a nivel nacional como para afrontar el reto del control del impacto ambiental. Si bien no todo ha sido fácil, pues debido a la prosperidad económica ha habido una demanda inusitada de técnicos por el sector privado, podemos decir que también la institucionalidad está fortalecida.

El contrato que se firmó con el gobierno frenteamplista para la construcción de la segunda planta de celulosa, en Colonia, se hizo en otras condiciones; por ejemplo se exigió que las barcazas fueran construidas en el país.

Del lado argentino hay unas quince plantas de celulosa cuya capacidad total instalada no alcanza a la producción de la planta de Fray Bentos. En 2013 el químico argentino Dr. Mario Féliz, investigador y profesor titular de Química Inorgánica, Universidad Nacional de La Plata, publicó un artículo: “Otra vez la sopa o la maldición de Sísifo” en el que analiza la contaminación del río Uruguay. Señalaba: “No quiero terminar sin recordar que en el 2009 el presidente del INTI, basado en determinaciones realizadas por esa institución, afirmaba: ‘Hasta el momento no apreciamos variación, ni a largo del tiempo, ni a lo largo del río, lo cual indicaría que la planta está controlando adecuadamente sus efluentes y que los controles uruguayos están funcionando’”.

Sobre otra de las actividades productivas con impacto ambiental, la minería a gran escala, he escrito bastante. No creo que se me haya respondido todo. Sí es bueno saber -recordando aquella reunión de docentes de química de 2005- que la recientemente creada Academia de Ciencias de Uruguay convocó a una reunión a la que invitó a prestigiosos técnicos para tratar el tema. No pude concurrir, pero obtuve información de la misma: allí no hubo ninguna voz que sugiriera abandonar el camino que se estaba recorriendo.

Como químico creo que tanto la producción de pulpa de celulosa como la extracción de oro con cianuro, son actividades mucho más riesgosas que la extracción de hierro. Como también es riesgosa la manipulación de productos químicos que llegan al puerto de Montevideo para nuestra industria. Las producciones de oro y de celulosa están implantadas desde hace tiempo en Uruguay, controladas por nuestros técnicos e instituciones sin problemas. Sin embargo, la extracción de hierro es la que más iras está recogiendo. Los últimos argumentos contra la minería de metales hacen a la seguridad del trabajador; en este momento está en el Senado, habiendo ya sido aprobada en Diputados, la ratificación del Convenio 176 de la OIT sobre seguridad y salud en las minas, o sea adoptando las mejores prácticas a nivel internacional.

Por último, la actividad agropecuaria. Dejemos de lado la producción de metano por el ganado -gas con mayor efecto invernadero que el dióxido de carbono- y centrémonos en la producción agrícola masiva. Ya escribí y lo repito: la erosión del suelo es nuestro grave problema ambiental. Erosión debida a procesos de producción agrícola que dejan el suelo desnudo, facilitando el arrastre por las lluvias. No son los transgénicos, es el proceso productivo. Solo el gobierno trata el tema exigiendo un plan de manejo de suelos a los productores, cuyos portavoces exclaman que es un atentado a la propiedad privada. No he visto ningún grupo que alertara sobre el tema que afecta ya casi un tercio del área del país.

Los impactos ambientales en un territorio son proporcionales a la población que alberga y capacidad para mitigarlos. Uruguay ocupa el lugar 200 en la lista de densidad de población mundial o sea, muy baja; sumado a esto tenemos técnicos e institucionalidad competente; por lo tanto, sostener, como algunos nos auguran, que los impactos ambientales de estas actividades serán terribles, carece de fundamento.