Julio Battistoni  

Respuesta para el ingeniero Stolkin

21/04/2014

Sencillamente pienso que la carta del ingeniero Ignacio Stolkin, publicada en La República bajo el título “Respuesta a Battistoni”, es un disparate tras otro.

El tema del trabajo que se generará con la explotación minera, ni Stolkin ni ninguno de los legisladores de la oposición lo tratan. Por eso están en la misma trinchera.

Antes que nada, antes de arremeter, deberíamos preguntarnos ¿es posible la humanidad sin minería?, ¿sin hierro?, ¿se pueden explotar los recursos naturales de forma segura, con tecnología moderna, logrando calidad en las condiciones de trabajo? Podemos sobradamente afrontar estos desafíos.

Stolkin hace un encadenamiento de razonamientos derivados de un dato mencionado por Larrañaga: 1700 Toneladas/día de poliacrilamida, lo que implicaría entre 60 y 80 camiones. En mi artículo aventuré que el dato era erróneo. En la comparecencia del MVOTMA y MIEM ante la Comisión Permanente manifestaron que la cantidad correcta de floculante (poliacrilamida) es de 1700 kilos por día. Fue un error, la cantidad correcta es mil veces menor. Cualquiera que le hubiera prestado atención al dato, le sonaría insólito; mas insólito aún es que un técnico no haya pensado en un error antes de sacar conclusiones estériles y tremendistas. Le convendría leer las especificaciones técnicas de la poliacrilamida del mercado que incluye certificado de inocuidad de la Comunidad Europea. También convendría que accediera, por ejemplo, al Listado Productos para Tratamiento Aguas de Consumo, Ministerio de Salud, Argentina, donde figura la poliacrilamida para potabilizar agua para consumo humano.

(http://www.anmat.gov.ar/listados/Listado_Productos_Tratamiento_Aguas_2013.pdf)

Para armar el escenario aciago Stolkin se explaya sobre los efectos cancerígenos del amianto (asbesto) –reconozco que en la primera lectura quedé sorprendido de esta derivación- con una exposición sobre el mesotelioma. Asimilar los mecanismos biológicos de la cancerogénesis del amianto a los productos orgánicos como son la poliacrilamida y la acrilamida es estrafalario. El polímero se degrada por la luz ultravioleta y la acción microbiana; si estudiara un poco antes de arremeter, encontrará en la literatura científica la descripción de microorganismos que degradan la acrilamida (todo esto porque Stolkin dice que las trazas de acrilamida se concentran en las lagunas de relaves, llegando a ser cancerígenas).

Luego sigue: “Aprovecho para hacerte saber que el peligro de mesotelioma de pleura por causa de presencia de amianto está confirmado en el propio estudio de Aratirí, pues la roca contiene asbesto…”. Esto es falso. La caracterización mineralógica de la roca figura en el Estudio de Impacto Ambiental en el Tomo II, Capítulo 2, apartado 2.2.2.1, página 24. No dice que exista asbesto.

Otro disparate: “el extractivismo solo fomenta el subdesarrollo”. Razonemos. El mundo demanda 1500 millones de toneladas de hierro al año, Australia produce 600 millones de toneladas, o sea Australia es un país recontra subdesarrollado. Lo mismo Suecia, Finlandia, Alemania, Brasil, todos subdesarrollados. Es cierto que la explotación de recursos naturales en ciertos países ha acentuado el subdesarrollo, como ejemplo: Bolivia, Ecuador, Venezuela cuando estaban sometidos al imperio los recursos eran para la oligarquía criolla. Con la llegada de los gobiernos de izquierda estos recursos están siendo empleados soberanamente para mejorar el destino de los pueblos.

Pero ¿por qué pensar que nos sucederá lo mismo que a los países donde gestionan mal sus recursos? Con la ley de Minería de Gran Porte, Uruguay ha adoptado las mejores prácticas mineras y los mayores resguardos para que la riqueza minera se vierta a las generaciones futuras, a la educación, a emprendimientos productivos, estudios medioambientales y cambio climático, etc., o sea, para desarrollar el país. Si no, que el ingeniero dé la receta de dónde saldrán los recursos para el desarrollo tan querido.

Es ejemplar el caso de Botnia: ¿qué ha pasado? Nada, a pesar de que voces como la de Stolkin sumada a las de Gualeguaychú predecían consecuencias terribles. Esto ha sido posible por la calidad de nuestros técnicos, por los recursos que ha vertido el gobierno a la DINAMA y la DINAMIGE y, en general, al fortalecimiento institucional; en definitiva por la voluntad política de desarrollarnos.

Respecto a que no lo recibí en la Comisión de Minería de Gran Porte cuando se estudiaban las modificaciones de Senado; no fui yo, fue la Comisión en pleno que entendió que no correspondía.

Por último, el artículo de Stolkin comienza: “Estimando diputado Luis Battistoni, “Batti””. Me llamo Julio Battistoni, no Luis. Stolkin en esto también le erra.