Mauro Mego  

A los compañeros

05/05/2015

Cuando esta nota se publique los rochenses estarán definiendo sus próximos cinco años en las urnas, libre y democráticamente. Pero como toda campaña electoral, esta es un periplo humano, colectivo, de larga caminata rumbo al objetivo trazado. Quienes hemos tomado el camino de militar en organizaciones políticas sabemos lo particular que es cada proceso electoral. Hay hombres y mujeres planificando, trabajando, pensando, discutiendo, todos los días y a cada rato. ¿Movidos por qué? No dudo que cada ser humano se mueva por diferentes motivos, nunca se sabe a ciencia cierta cuál es el motor de las acciones humanas, si es que hay uno solo. Pero en el caso del trabajo militante hay cosas ineludibles, que emocionan, porque uno, en el fondo, haga lo que haga y aunque esté ocasionalmente -y por decisión colectiva- en algún sitio más visible, siempre está en deuda con un montón de anónimos que construyen sigilosa y tenazmente el edificio en el cual se establece una propuesta política para que la gente sea quien decida.
Pero el militante no deja nada al azar. Abre un local, lo barre, pone música, cuelga un cartel, pinta, hace una “barriada”, entrega la lista, discute en la organización pero también en el boliche de la esquina. Se discute a veces con sus compañeros, pero discute como los futbolistas se discuten en el entretiempo de un partido, cuando se carajean en el vestuario buscando que las cosas salgan para ganar, pero que al salir del túnel son una unidad indestructible. A veces observando a estos compañeros y compañeras me emociono. Siento de veras que la deuda con ellos es enorme. Tantas historias diferentes, tantos orígenes diferentes, tantas personalidades, formaciones, sentires diferentes, detrás de un objetivo, de un sueño de construir un lugar mejor en una dirección. ¿Cómo no creer en la construcción política cuando se ven tamaños compromisos solidarios? ¿Cómo no creer que sea posible cambiar la realidad cuando se ve los brazos partidos de compañeros dejando todo en las calles? Creo que en el fondo este es el cerno de toda construcción: el compromiso humano. En el fondo la militancia de izquierda es un acto de amor por El Otro, por un lugar más solidario, por un destino más parejo para todos.
Las organizaciones políticas tienen en esos anónimos su sostén permanente. Su sentido de la existencia está cifrado en las actitudes cotidianas y en el trabajo coyuntural desplegado en el marco de una campaña electoral. ¿Y por qué pelean? ¿Por qué caminan cuadras y cuadras en cada barrio del departamento? Creo que lo hacen por todos. No lo hacen por un candidato eventual, sino por un proyecto político que en el fondo es un destino para todos y todas. Pero no es cualquier destino, es un destino colectivo, justo y solidario.
Cada vez que se hace un discurso se habla del militante. Pero mejor es detenerse a ver su accionar cotidiano. Dejan de lado su situación para pensar en la sociedad toda. No se detienen en anecdotarios personales, sino que ven más allá. No hay enojo tan importante como para dejar de ver el objetivo más amplio y más grande. Es hora de agradecer a tantos y tantas que forman ese ejército militante que lleva la propuesta a cada rincón y que arropa a cada uno de quienes coyunturalmente tenemos mayor visibilidad.
Es un agradecimiento y una deuda con los compañeros, una deuda impagable. Pero además, es la espada cayendo sobre nuestra nuca, que nos dice todos los días que construir políticamente es ante todo ser un militante que codo a codo es un igual, es un compañero, y que esto es la “ciencia del ejemplo”. No podemos perder jamás nuestra perspectiva militante, porque es allí donde se manifiesta la materia prima que debemos consumir como el combustible de todas nuestras acciones, porque allí se fraguan los sueños, se surcan los hondos sacrificios y se toma la medida de las cosas, su dificultad para construirlas, el “ladrillo a ladrillo” de las utopías.
Un año entero de campaña electoral es motivo suficiente para destacar a este “Hombre Nuevo”. Porque lejos de las pretensiones del “Hombre Nuevo” del Siglo XX (en todas sus formas), este es real. Este existe, este está presente y este es ejemplo: es el militante. Es el constructor de los sueños colectivos, es protagonista pero anónimo, es soñador pero realista, es constructor pero discutidor, es sabio y es la medida de las organizaciones. Parece un discurso romántico, pero no lo es. Es la expresión sintética de algunas de las sensaciones al ver a algunos compañeros y compañeras en la lucha cotidiana desempeñarse con todas sus fuerzas. Muchos, ya hoy domingo, seguirán en la lucha. Habrán pasado días sin dormir, nervios, disgustos, expectativa, largos silencios en soledad. Muchas horas de su vida individual, intransferible, única, habrán sido invertidas en las causas de todos. Ya es la hora de la definición. Sobre él recaerá seguir construyendo o volver a empezar. Pero mientras, el militante, esperanzado tomará su bandera esperando otro “gol de espalda de Godín”. Agónico, ardiente, redentor.