Daniel Caggiani  

El marketing de la sanata

03/10/2014

Falta menos de un mes para que elijamos nuestro Parlamento y nuestro presidente. Esta campaña ha sido claramente atípica. La estrategia de los partidos tradicionales, a falta de convicciones serias y militantes, ha sido una apuesta con un claro sesgo de marketing político, pareciéndose más a una campaña para la venta de bebidas cola que a candidatos a presidentes que pretenden gobernar el país.
La función más notoria de la publicidad es lograr captar el interés de los consumidores y lograr generar una falsa necesidad de los mismos sobre su importancia.
Nada más parecido a la campaña política electoral del Partido Nacional. La victoria de Luis Lacalle Pou en las internas, se consolidó a partir de grandes spots publicitarios y marquesinas resplandecientes que entronan al “nuevo producto”. Esta aparición estelar del nuevo mesías del “mercado” político uruguayo, amenazó con opacar los logros obtenidos de diez años progresistas en el gobierno, dejando en la sombra las propuestas sobre los temas claves del país a fuerza de sonrisas, acrobacias atléticas y un afinado equipo publicitario que nada tenía que envidiarle al de las bebidas más famosas Sin embargo, los productos malos, por más estilizados y tentadores que resulten para el público cuando llegan a sus manos y abren el “paquete” siguen siendo un producto mediocre. En este caso la vejación publicitaria va más allá, el paquete está vacío, se esfuman en el aire las promesas de un futuro perfecto y queda expuesto el vacío de una gran maquinaria de humo. Lacalle Pou y su equipo son un producto que no está preparado, ni formado para ser Presidente de todos los uruguayos y su esperado programa de gobierno es una prueba solida de esta afirmación. Se presentó al candidato del Partido Nacional como un ícono positivo y renovador, rodeado de un gran equipo que llevaría de la mano al Uruguay a un rumbo nuevo y diferente. Cuando el candidato y sus asesoras tuvieron que vérselas con los micrófonos, el equipo de marketing ya no pudo mantenerlos como profetas infalibles y comenzaron las dificultades para sostener el producto alejado de las criticas y la realidad. Al llevar al candidato y su equipo a la realidad, el producto dejó de ser comprable. Sobran las entrevistas donde el ser positivo no apareció y la preparación para gobernar un país tampoco, lo que sí quedó en evidencia fue el desconocimiento de su propio programa, la liviandad de argumentos y la banalidad de los mismos. Tres ejemplos que desarmaron el mensaje de Campaña: El producto LP, es un envase. Hay dos o tres perlas que son más que significativas para esto. La entrevista realizada por Gabriel Pereyra en el Programa “En la Mira” de VTV, demostró como Lacalle Pou no pudo argumentar casi ninguna de sus propuestas, como su programa era un rejunte de cosas que ya hace el gobierno del Frente Amplio y en la mayoría de los casos su fuerza política votó en contra de las soluciones que hoy proponen. Consultado por las propuestas “innovadoras” que aparecen en su programa y ya están vigentes en el gobierno actual, no tuvo más remedio que aceptar que las ideas eran las correctas pero ellos las iban a mejorar. Cuando se le pregunto cómo las iban a mejorar, los argumentos jamás afloraron y suplicó con sonrisa nerviosa pasar a otro tema. Desnudando un reconocimiento implícito a lo bien que ha gobernado el Frente Amplio, claro LP nunca lo va a decir, pero él sabe que se está gobernando bien este país. A modo de ejemplo de propuestas innovadores preexistentes, caen en la infantilidad de proponer estándares de calidad dentro de diferentes dependencias del Ministerio del Interior o auditorías externas a las empresas públicas las cuales ya se realizan. Otra perla de su ignorancia plena acerca de las principales líneas programáticas de su candidatura llegó a todos los hogares a través de la entrevista que Blanca Rodríguez le realizara días atrás sobre el tema educación. Planteó alegremente la necesidad de llevar la formación docente a nivel terciario. Esto ya existe hace muchos años, un ciudadano poco informado puede desconocerlo pero un candidato a presidente evidentemente no. Lo que hoy se discute es si se convierte la formación docente en universitaria. LP no entendió, no solo no entendió nada sobre la discusión en la que está embarcado el país y no apoyó con su voto hace un año a la conformación de una tan necesaria Universidad de la Educación. No resulta extraño repasando algunos ejemplos que Lacalle Pou no sepa qué contiene su programa y que políticas que hoy propone no acompañó con su voto en la Cámara Baja. Quizás para él la apuesta a mejorar la calidad de la educación pública no es necesaria. De hecho tanto él como sus hijos asistieron o asisten a la educación privada. Quizás de ahí su absoluto desconocimiento sobre la misma. Maneja como modelo el sistema educativo chileno, tan criticado desde UNICEF y CEPAL, modelo que demostró ser un fracaso en la mejora de los indicadores de equidad e inclusión de los más pobres. La otra gran mentira que se fue desenmascarando en el transcurso de la campaña fue que LP no era un candidato “tan” positivo. Los cada vez más habituales exabruptos y enojos con los periodistas han quitado la pintura de su principal idea fuerza, el positivismo. Por nombrar tres notorios disgustos: a Alberto Silva en Buscadores lo regaña de manera más que interesante, a Sonia Brescia le responde enojado que “es dueña ‘por ahora’ del programa”, en la entrevista con Pereyra le cuestionó el encono hacia su figura por las preguntas realizadas. ¿Por qué estas reacciones?, ¿Los periodistas no tienen derecho a preguntar libremente? ¿Qué le quiso decir a Sonia Brescia?, ¿la amenazó con dejarla sin trabajo? Lo que dejó muy claro es que cualquier periodista que cuestione a su persona o sus ideas, puede sacarlo fácilmente de su filosofía positiva y obtener un rezongo por ejercer su profesión leal y libremente. En fin, en menos de un mes votaremos a nuestro presidente y nuestro Parlamento. Y creo firmemente que los uruguayos votaremos a conciencia y con elementos reales, no en base a una campaña de marketing político publicitaria de gestos y poses carentes de seriedad para resolver el futuro de los uruguayos. Las opciones son claras. Lo que está en juego es el futuro de cada uno de nosotros, de nuestros hijos, nuestros nietos, nuestros amigos. Votamos un producto de marketing político que tiene apariencia de shampoo pero que representa claramente al Uruguay excluyente y conservador que hemos logrado dejar atrás, o seguimos avanzando en la apuesta por un proyecto de país que siga mejorando las condiciones materiales y humanas de nuestra gente y sobre todo de los más humildes, continuando el camino de desarrollo nacional con redistribución del ingreso. Para seguir avanzando y que el Uruguay no se detenga, el 26 de octubre, no tiremos nuestro voto a la calle. Sigamos apostando por un Uruguay de esperanza y futuro, con responsabilidad y seriedad y por sobre todas las cosas para seguir construyendo un país para todas y todos los uruguayos. Vamos Juntos por Tercera Vez. Publicado en La República.