Lilián Galán  

Sobre el TLC entre Mercosur y Unión Europea

17/04/2018

Entre el 23 y el 27 de abril próximos se plantea  llevar  a cabo una nueva instancia de negociación (aún no confirmada), entre los principales negociadores que actúan en representación de la Unión Europea y Mercosur con el objetivo de firmar un Tratado de Libre Comercio entre ambos bloques
Este Tratado se viene negociando hace ya 18 años, obviamente hubo un período en que los países del Mercosur, a instancias de las políticas de los gobiernos progresistas, estuvieron más implicados en fortalecer los lazos intra región que a buscar alianzas con terceros países o bloques. Fueron los años de crecimiento del Mercosur Social, a través del cual se trató de dar vida a políticas de integración más allá de las actividades de los gobiernos, dando espacio para que las organizaciones sociales del bloque pudieran intercambiar entre sí.
Fueron también los años en que surgió la UNASUR, en 2008 se firmó el documento constitutivo del bloque, integrado por Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Chile, Ecuador, Guyana, Paraguay, Perú, Surinam, Uruguay y Venezuela. Volvíamos a creer en el sueño de la integración, que más que sueño es el único camino posible para hacer realidad el desarrollo con inclusión de  nuestras sociedades.
El veredicto de las urnas en Argentina, la imposición de golpes parlamentarios, primero en Paraguay y luego en Brasil, han hecho que la integración volviera a retroceder varios casilleros.
Sólo teniendo en cuenta la situación política en Argentina y Brasil, los dos socios de más peso económico en el bloque, podemos explicar el giro que venimos sufriendo en materia de objetivos estratégicos del mismo.
Desde el punto de vista de  la Unión Europea, ella misma se encuentra cuestionada a partir de que la crisis económica de 2008 se resolvió por la vieja y conocida vía de ajustar a los países más pobres y dependientes de la Unión en provecho de los más ricos, ocasionando un importante deterioro de la calidad de vida de sus pueblos. Como coletazo de la crisis y sus consecuencias se produce el Brexit, constituyéndose en un serio revés al relato de la “unidad europea”.
Fue también en 2008 cuando en la Unión Europea se aprueba, en forma expeditiva y a espaldas de la opinión soberana de los ciudadanos europeos,  el Tratado de Lisboa que significó, (para resumirlo en pocas líneas) la aprobación entre gallos y medias noches del frustrado proyecto de Constitución Europea (que ya había sido rechazada por  sendos referendos populares en Francia y Holanda en 2005). Bajo el nuevo formato de “tratado” se  conservan los peores elementos de aquella, tales como la caracterización de todos los bienes y servicios públicos como comercializables, la pérdida del poder de veto de los Estados pertenecientes a la Unión en importantes áreas de decisión, y en suma, la centralización del poder a través de la creación de figuras clave capaces de concentrar la toma de decisión en menos manos: se crean las figuras del Presidente y del Alto Representante para Asuntos Exteriores y la Política de Seguridad, más la creciente relevancia en toda decisión de carácter económico del BCE.

La llegada de Trump al gobierno de EUA y sus políticas proteccionistas en materia de comercio internacional, han hecho que, entre otros, la Unión Europea redoble el paso tratando de conseguir mayor acceso a mercados alternativos.
El diagnóstico que podemos adelantar sobre estas negociaciones es una vez más, que:
• difícilmente podamos aprobar negociaciones que se deben llevar a cabo en secreto (¿dónde queda la soberanía de los pueblos y la democracia en estas condiciones?),
• no podemos esperar resultados positivos de negociaciones que no tomen  cuenta cabal de las asimetrías existentes entre los países que integran ambos bloques,
• y que en definitiva, no vemos como positivo que  la mayor parte del esfuerzo negociador se invierta en mejorar las condiciones de acceso de nuestras exportaciones primarias, perdiendo a cambio una larga lista de condiciones para el desarrollo futuro de nuestros países.
Como ejemplo de esta última afirmación hace pocos días se trasmitió como una noticia positiva que la Unión Europea flexibilizara las condiciones de ingreso para las exportaciones agrícolas del Mercosur. ¿Es que esperamos mejorar las condiciones de vida de nuestras sociedades a largo plazo,  profundizando un modelo de país agroexportador?
Mientras todas las condiciones de producción y distribución se acomodan de tal forma que se asegura que  quien captura el mayor porcentaje de renta es quien se apropia de la tecnología;  el Mercosur parece conformarse con colocar más  etanol, carne y soja para exportar.
Es inadmisible que al mismo tiempo que se desarrolla la 4ta Revolución Industrial, nuestras metas queden sumergidas sólo a colocar más contenedores de materias primas en los puertos europeos. Es la mejor forma de dejar nuestro rol de países subdesarrollados y dependientes esculpido en piedra. Peor para Uruguay que será visto en estas negociaciones como un socio menor de Brasil y Argentina, que serán a quienes la UE tratará de contentar.
Las Cámaras Industriales de los cuatro países fundadores del Mercosur, así como la  Coordinadora de Centrales Sindicales del Cono Sur (CCSCS) y la Confederación Europea de Sindicatos (CES) se han pronunciado en contrario a la celebración de este Tratado. Nada difícil de entender teniendo en cuenta cómo se viene desarrollando esta negociación.
Esperamos que Uruguay, único miembro pleno que cuenta con un  gobierno progresista en el Mercosur sea capaz de detener el avance de estas negociaciones, porque más temprano que tarde deberá cumplirse con el objetivo de la integración latinoamericana, condición indispensable para alcanzar la Liberación Nacional y el Socialismo.