Susana Pereyra  

Intervención en sala: Directriz Costera

12/06/2019

En nuestro país la extensión costera propiamente dicha (y no la definida en este proyecto de ley), abarca aproximadamente el 5 % del territorio nacional, por lo cual es un recurso escaso. De todas maneras, posee un gran valor ambiental debido a su diversidad morfológica, biológica y la gran cualidad de un clima con estaciones definidas y extensas zonas de baño. También se debe tener presente que el 70 % de la población vive en los departamentos costeros.

La población y sus actividades generan de diversas maneras una gran presión, sobre la costa. La agricultura, la industria, la ciudad propiamente dicha y el turismo, entre otras cosas, son actividades que modifican la costa y su delicado equilibrio ambiental.

Es deber del Estado junto con la sociedad, promover el desarrollo costero en conjunción con la conservación de la costa como recurso natural y bien económico y social, el cual necesita orientaciones de referencia para las intervenciones de la sociedad sobre el espacio costero. Para ello es primordial interiorizarnos de los impactos que nuestras actividades generan en el espacio costero. Este espacio es  vulnerable ya que cuando sufre alteraciones, es en  muchas oportunidades muy difícil y caro revertir y no en pocas ocasiones es imposible hacerlo.

Las morfologías y ambientes singulares representativos del  espacio y procesos costeros se ven dinamizados y/o modificados donde se han realizado diferentes intervenciones de la sociedad. El proceso de movilidad costera es reflejo de la fragilidad del ambiente y su vulnerabilidad. En nuestra historia la costa de este país fue fraccionada sin tener en cuenta su morfología, sus procesos naturales; no fue aplicado ningún criterio coherente. Siempre se ha mirado hacia la costa y se ha estructurado el espacio costero  buscando facilitar el acceso al mismo, lo cual provoca conflictos debido al crecimiento urbano, el trazado vial, entre otras cosas, lo cual ha generado disfuncionalidades territoriales y ambientales importantes.

Se ha permitido una “cultura de uso y ocupación” del espacio costero, que han conducido a niveles de deterioro complejos que generan la necesidad de una política nacional real y verdadero desarrollo responsable ecológico y social del espacio costero.  

Se realizaron y aún se desarrollan obras de infraestructura que implican grandes impactos en la dinámica del espacio costero, de manera que se han generado cambios muy importantes: problemas en los procesos naturales costeros que son difíciles de abordar por su complejidad y efecto multiplicador negativo.
Es posible corregir algunos de los procesos negativos y reorientar las intervenciones en zonas costeras aún no afectadas. Estos espacios son  “espacios de oportunidad” para que el desarrollo costero pueda realizarse en acuerdo a criterios que aseguren la sustentabilidad y así lograr un desarrollo equilibrado y respetuoso de todos los procesos naturales, permitiendo intervenciones que produzcan el mínimo de alteración, ya que no hay actividad humana de 0 % de impacto.

El establecimiento de la Directriz Nacional de Ordenamiento Territorial y de Desarrollo Sostenible del Espacio Costero del Océano Atlántico y del Río de la Plata, es el marco inicial para el desarrollo de una estrategia sobre las áreas marinas y costeras, dentro de un contexto de continua adaptabilidad al cambio climático. Es el inicio de un proceso multi e interdisciplinario, donde convergen los más variados actores y diferentes intereses, por lo cual se necesita un manejo integrado, en búsqueda de una forma coordinada de trabajo para lograr un desarrollo sustentable y armónico de las intervenciones humanas. Esta Ley no promueve ni prohíbe actividad alguna, sólo pretende que las mismas consideren medidas de protección de los componentes más vulnerables del espacio costero.