Óscar Groba  

HOMENAJE A LA DOCTORA ALBA ROBALLO

04/09/2018

SEÑOR GROBA (Óscar).- Señor presidente: todos los homenajes que se realizan en esta Cámara de Representantes, por parte de todos los sectores políticos, son muy importantes. ¡Realmente muy importantes!
En esta ocasión, vamos a recordar a una extraordinaria mujer, a una gran luchadora social, a una vocacional de la política, a una mujer intransigente con los derechos de los más desposeídos: la doctora Alba Roballo.
Queremos agradecer a los distintos partidos políticos que integran esta Cámara por apoyar esta iniciativa. También agradecemos a la bancada del Espacio 609, a la que pertenezco, y a la bancada del Frente Amplio, camino que recorrimos para llegar a esta instancia.
Saludo a su familia; saludo a los dirigentes de su sector político, Pregón, y saludo a sus amigos que, por las redes sociales y personalmente, también colaboraron en este homenaje, en el que recordaremos los ciento diez años de su nacimiento.
Agradecemos la colaboración de sus familiares: Graciela Pérez Ferreira y su sobrino, Eduardo Platero.
Lo que expondré en unos minutos será una presentación colectiva, pues he extraído información, ar¬tículos de prensa y testimonios de algunos medios de comunicación y de periodistas. También colaboraron muchos amigos y muchas amigas que conocieron a la doctora Alba Roballo. Debo confesar que me ha resultado muy difícil resumir todo ante la magnitud de tal mujer, de tal ciudadana uruguaya.
Alba Rosa Roballo Berón nació en Isla Cabellos, hoy Baltasar Brum, departamento de Artigas, el 4 de agosto de 1908. Precisamente, uno de los grupos que colaboró en este homenaje fue el comité de base del Frente Amplio "Alba Roballo", de la población de Baltasar Brum; allí donde ella nació hay un comité de base del Frente Amplio que nos hizo llegar algunas consideraciones que hemos resumido para trasladar de la mejor manera a esta Cámara.
Fue hija de Américo Roballo, comisario del pueblo, y de Rosa Berón, maestra rural. La escuela de Isla Cabellos estaba en su casa natal, una casona con un escudo que dice: "Escuela Rural N° 8. 1910". Nos cuentan que aún sigue en pie, frente a la estación del ferrocarril, sobre un camino de barro.
Ella nació allí; convivió con niños de rancheríos y en presencia de la maestra en común: su madre. Desde que nació  en su cuna; cuando fue creciendo un poco más, en un corralito o en esos bancos de escuela , ella vivió en la escuela, pues su madre, con ocho hijos y doble horario, la llevaba a las clases.
Cuenta Alba Roballo: "Al nacer, tuve una clase social de la que no abjuré nunca. Siempre intenté profundizar esa fidelidad, a mi origen […] yo vi en la escuela a niños desmayarse de hambre y recuerdo a mi madre con un humor un poco triste pedir que le lleváramos un vaso de leche a Juancito que hoy no aprendía la tabla de multiplicar, ella sabía que ese niño ese día no había comido. Mi pacto más hondo fue desde entonces con los humildes".
Su madre, señor presidente, Rosa Berón de Astrada, era correntina, nieta de Eugenio Berón de Astrada, gobernador de Corrientes, derrotado y muerto por las fuerzas de Rosas. El general Echagüe mandó cuerear su cadáver, y con la piel hicieron un maneador que obsequió a Rosas.
Su padre, Américo Roballo, era nieto de una charrúa  en aquella época, señor presidente, se hacía constar la raza en la partida de nacimiento  y fue voluntario colorado en la guerra de 1904. Sobrevivió a la derrota del combate de Santa Rosa del Cuareim. Luego fue comisario y, finalmente, comprador de ganado para los frigoríficos de Montevideo. Se fundió con la crisis de 1921, pero pagó todas sus deudas y se mudaron a Montevideo, con las pobres jubilaciones de ambos. Entonces, doña Rosa puso una academia  William James  en Pablo de María, casi 18 de Julio. En dicha academia, Alba y Arismendi enseñaron filosofía.
En Montevideo, señor presidente, Alba Roballo ingresa a la Facultad de Derecho, que era de señoritos, fundamentalmente, para gente importante o hijos de grandes abogados. Tuvo excelentes profesores, como Vaz Ferreira y Amézaga. Luego se integra a la lucha antifascista y participa en la ocupación de la Universidad. En esa época, era la encargada de llevar las provisiones durante la ocupación.
Frente a la dictadura de Terra tiene dos encuentros fundamentales, con Brum y Grauert.
Inicia su carrera política en el Partido Colorado en 1938, al lado de Julio César Grauert. Posteriormente, se integra a la agrupación Avanzar, en la que era la única mujer.
Se cuenta que iba a las peñas, y se dice que podía entrar porque estaba casada, e iba con su marido, padre de su único hijo, Sergio Previtali. Comienza ahí sus encuentros con amigos socialistas, agitadores tan diferentes de lo que fue el batllismo de los continuadores de Batlle. Dicen que Grauert había leído a Marx, a Engels y a Lenin, y quiso hacer la revolución dentro del partido tradicional. "Termina la cosa, o te vas como Zelmar y yo o nos portamos como ciertos inefables que prefiero olvidar pues terminan dóciles al sistema"; estas son palabras textuales de Alba en un reportaje que le hace Guillermo Chifflet, que marcan sus diferencias con quienes integraban el Partido Colorado en aquella época.
A continuación, señor presidente, vamos a proyectar algunas fotos, y rápidamente diré de qué se tratan, pues no tengo tiempo de analizar cada una de ellas.
(Así se procede)
——En la primer foto se ve la portada de la antología de poemas a Zelmar Michelini  su gran amigo  y Gutiérrez Ruiz, grabada en el Palacio de la Música, con guitarra de Eduardo Larbanois. Además, publicó poemas, editados en 1942, algunos de los cuales fueron reunidos en el libro La Casa del Humo, publicado en 1992.
Fue gran amiga de Zelmar Michelini; estuvieron juntos en la formación del Frente Amplio en 1971. También tuvo una gran amistad  lo verán en las fotos  con Germán Araújo; aprovechamos a recordar, señor presidente, que el 2 de setiembre se conmemoraron los ochenta años de su nacimiento.
Alba Roballo fue oradora en un acto del Comité de Base del Frente Amplio; en la foto que se proyecta pueden ver la expresión de sus manos y la pasión que ponía en cada acto y en cada cosa que decía.
También se muestra una foto, que a ella le gustaba mucho, extraída de un cuadro, y otra de su tercera visita a Cuba, cuando fue condecorada por Fidel Castro con la Orden de la Revolución.
Hay otra foto del sello del Correo nacional, otra de la Plaza Alba Roballo y otra que marca su capacidad social para moverse en distintos ámbitos: es una foto sacada en un club de fútbol muy cerca de aquí, en Piedra Alta y Asunción, donde estaba el bar Poco Sitio. Ella y un edil armaron el equipo y consiguieron las camisetas. Además, ese club  de aquí, de mi barrio, de mi zona  tenía fútbol infantil, ya que ella se preocupó mucho para que eso existiera. En la foto se ve que en el botiquín de ese club dice: "Club Atlético del Alba", porque era el Club Atlético de Alba Roballo.
En la última foto, señor presidente, se ve a Alba en el acto del PIT del 1º de mayo de 1983; según me dijeron sus familiares y amigos, esa era una de las fotos que más le gustaban a Alba Roballo.
Mientras se proyectan las fotos, continúo con este material que hemos preparado entre muchos.
Una característica anecdótica de sus actos políticos era el repiquetear de las lonjas de una cuerda de tambores como fondo musical. Amaba que le dijeran la Negra Roballo, y los negros, en reconocimiento a la lucha de Alba por ellos contra todos los prejuicios y el racismo, se hacían presentes con sus tambores en cada acto de Alba Roballo.
Nunca fue diputada. Hizo campaña desde su revista La mujer Batllista, un mensuario que publicó durante los años cuarenta. Fiel a la abstención benevolente, no votó en la elección de Baldomir, para hacerlo por primera vez en 1942. Fue presidenta de tres Cajas de Asignaciones, luego de perder, por pocas decenas de votos, la diputación en 1954 con la lista 103, a la que se presentó con el sublema de la 15, pero con distintivo independiente.
Luis Batlle la designó como vicepresidenta de la Caja Rural, la que recién en ese período comenzó a conceder jubilaciones rurales y domésticas.
Además, fue vicepresidenta del Concejo Departamental de Montevideo  que era una intendencia colegiada , lo que llevó a que fuera considerada como la primera mujer intendente de Montevideo, algo que poco se valora y poco se dice. En realidad, hay que contar estas historias, como la de esta gran mujer que tuvo esa enorme responsabilidad. Durante su actuación en el Concejo, entre otras cosas, se la recuerda porque a cualquier hora de la madrugada o de la noche se presentaba en el Palacio Municipal para ayudar en los servicios de limpieza y en el funcionamiento de cada sector.
A instancias de ella también se importó la vacuna antipoliomelítica, que implicó un cambio radical en la población. La vacunación masiva contra la polio fue dada en Montevideo, el primer departamento donde se hizo con gran éxito, ya que eliminó la epidemia.
Señor presidente, por iniciativa de Alba Roballo se crearon las Llamadas. Su lucha por la igualdad y la justicia la comprometieron con los más desposeídos y marginados.
Sin embargo, también debemos decir que la sociedad no recuerda que esta mujer –cuya amistad con Juan Ángel Silva, fundador de la comparsa Cuareim 1080, fue muy importante  peleó fervientemente, a instancias de Silva, dentro del Concejo para que se aprobara la primera Llamada oficial. Los demás integrantes del Concejo Departamental dudaban en oficializar las Llamadas porque temían al desorden que tantos negros podían generar en las calles con el alcohol y el tamboril. De todos modos, Alba logra convencerlos, y se realiza la primera Llamada oficial. Las Llamadas hoy son un fenómeno turístico destacado, aunque, como dije recién, muy poco se le ha reconocido a Alba por hacerse eco del sueño de los negros y de Juan Ángel Silva, y lograrlo.
(Diálogos)
—— Nos recuerdan que en aquella época no había concursos para ingresar a trabajar en la Intendencia  fíjense en esta anécdota de hace muchos años , por lo que ella daba su voto en el colegiado para el ingreso de profesionales elegidos por los otros integrantes a cambio de que votaran el ingreso de un negro.
Además, creó el servicio fúnebre municipal y la Dirección de Servicios Sociales. Desde ese lugar, y con las posibilidades que el cargo habilitaba, logró crear el servicio de Necrópolis. Recordemos que hasta ese momento los pobres no contaban con ese servicio y eran enterrados en cualquier sitio. A partir de la creación del servicio de Necrópolis a instancias de Alba, y hasta el día de hoy, tienen derecho a una sala fúnebre, a una carroza fúnebre y a autos para el traslado de la familia.
Asimismo, se construyeron centenares de viviendas municipales destinadas a trabajadores y empleados de escasos recursos. También se pavimentó la avenida Propios en toda su extensión, se hizo la doble vía en José Belloni, de General Flores a Barreras de Manga, y se construyó el túnel entre las avenidas 8 de Octubre y 18 de Julio. Además, se hizo el primer Plan Director de Montevideo.
Fue electa senadora por primera vez en las elecciones de 1958. Recordemos que en esa época no había mujeres en el Parlamento  se ha dicho acá muchas veces y queremos reiterarlo hoy  y ni siquiera había un baño para mujeres; todos eran para caballeros. Y si bien ella se jactaba de que podía pasar un día entero sin ir al baño, cuando las sesiones eran largas y no podía más cruzaba al bar de la esquina. Creo que esto pinta su personalidad –y muchas cosas más que faltan para seguir hablando de Alba , porque no la paraba nadie; muchas veces se la criticaba pues osaba ocupar lugares que eran exclusivamente para hombres. Reitero: fue electa senadora en el año 1958 y fue la primera mujer intendente.
En 1968, el presidente Pacheco Areco la nombra ministra de Cultura. Esto es algo que los uruguayos deberíamos tener presente, pero no se enseña en Historia: nuestro país tuvo a la primera ministra de América Latina. En ese 1968, y durante el breve período entre el 3 de mayo y el 13 de junio, fue ministra de Cultura, durante el gobierno del colorado Jorge Pacheco Areco, cargo al que renunció el mismo día en que fueron aprobadas las medidas prontas de seguridad, que no fueron dispuestas para enfrentar a ninguna guerrilla, sino, como señaló la propia Alba en Marcha: "Para la represión sindical y como instrumento para la defensa de los intereses de la oligarquía". En ese contexto, ocurren las primeras muertes de estudiantes.
El proceso iniciado aquel 13 de junio de 1968 gravitó profundamente en el país  todos lo sabemos  y transformó a Alba Roballo, que había regresado al Senado, en una de las críticas más implacables al gobierno autoritario, su política económica y social, la militarización de los empleados sindicalizados que reclamaban contra la congelación de salarios, la represión de los estudiantes movilizados con la muerte de varios de ellos, la censura a la prensa y las limitaciones a las libertades públicas.
Muchos han hecho aportes a lo que estoy diciendo, pero quiero contar una anécdota de alguien que está presente, a pesar de que no lo consulté y le pido disculpas si se enoja. Se trata del recuerdo de Juan Raúl Ferreira de una anécdota entre Wilson y Alba Roballo.
Cuenta Juan Raúl: "Cuando mi viejo interpeló a un ministro, la doctora Alba Roballo pertenecía a la bancada oficialista del partido de gobierno, aunque había renunciado al Ministerio de Cultura como consecuencia de las medidas prontas de seguridad, y coincidía con hechos de corrupción denunciados, no de ese ministerio, sino del de Interior; cabe aclarar que había habido una represión estudiantil muy fuerte. En esas circunstancias, mi viejo no solía conceder interrupciones en interpelaciones de ese tipo, pero se la solicitó la doctora Alba Roballo, que estaba sentada justo adelante del ministro interpelado y mi viejo se la concedió por ser ella. La doctora Alba Roballo da vuelta el sillón, queda mirando cara a cara  a centímetros de distancia  al ministro interpelado y le dice: 'Señor ministro: cuando yo lo veo balbuceante, temeroso, nervioso y acorralado por la información que ni siquiera conoce, pienso: ¿es este el mismo ministro que nos está haciendo sufrir por la muerte y la represión de los estudiantes? Y me pongo colorada, no por partido, sino por vergüenza.' Luego se da vuelta y dice: 'Muchas gracias, señor senador, he terminado la interrupción'. Y mi viejo responde literalmente: 'Señor presidente: me quedaba por lo menos un cuarto del material antes de terminar la exposición de apertura de la interpelación, pero después de las conmovedoras palabras de la doctora Roballo doy por finalizada mi exposición'. A mí, que era un muchacho en aquella época, este episodio  que ocurrió el 16 de abril de 1970  me dejó muy marcado. El 17 de abril se produjo la renuncia del ministro". Este testimonio tan personal sigue conmoviendo a todos los que estamos en esta Cámara y amamos la democracia y la libertad.
Repasando ese período, encontramos que Roballo decía en Cuadernos de Marcha: "Con ese optimismo que caracteriza a los uruguayos y con esa mística del legalismo que tomé de (Baltasar) Brum y de (Julio César) Grauert, esperaba que la lucha popular, que las reservas sanas de la vida política del país, que los movimientos de presión, detuvieran al régimen […]; después, decretos y decretos de la índole más diversa, limitando libertades humanas y normas jurídicas que afectan hasta derechos patrimoniales, me demostraron que mi optimismo era rosa". Y agregaba: "Pero si me faltaba algo por saber que el proceso era irreversible, y que estamos en la dictadura más descarnada e indigna, llegó la intervención de la enseñanza en 1970, el cierre del diario Ya, y el desconocimiento de la decisión parlamentaria que levantó la clausura. Ahora sí sé que la descomposición es veloz y que mientras exista este régimen Uruguay no vivirá un estado de derecho".
Alba Roballo intentó hasta último momento seguir en el partido donde había militado toda su vida, desde que era estudiante de Derecho y se integró a la agrupación Avanzar de Julio César Grauert  que era la izquierda colorada, como decía ella ; sin embargo, las posibilidades se cerraban. En diciembre de 1970, el movimiento que lideraba el senador Zelmar Michelini  que era su gran amigo  y su Lista 99 decidieron romper con el Partido Colorado y sumarse a un frente político que estaba naciendo: el Frente Amplio se encontraba en plena gestación. Dice la doctora Alba Roballo en Marcha: "Afrontando una inmensa responsabilidad, después de cuarenta años, me voy del lema, sintiendo que el lema no es mi partido y menos el batllismo. Paradojalmente, para salvar al batllismo debo irme del batllismo formal". Recordemos que estamos hablando del período que va desde 1968 en adelante, en este caso, de los años 1970 y 1971.
Señor presidente: solicito que a continuación se reproduzca un discurso de la doctora Alba Roballo, la única mujer que habló el día del primer acto político del Frente Amplio, en 1971. Aclaro a todos los partidos políticos aquí representados que hay que tener en cuenta el clima que se vivía en aquel momento.
(Así se procede)
(Aplausos en la sala y en la barra)
——Señor presidente: obviamente, esta es solo una parte de su discurso histórico en aquella conmemoración, en aquel acto memorable del año 1971.
Su agrupación solicitó el ingreso al Frente Amplio y acordó abrir una lista común con la Lista 99 y Doctrina Batllista, que fue registrada con el número 9988. Los cuatro primeros candidatos al Senado fueron Zelmar Michelini  su gran amigo, vuelvo a recordarlo , Alba Roballo, Enrique Martínez Moreno y Enrique Rodríguez Fabregat, de setenta y seis años en aquel momento, uno de los notables del primer batllismo, ministro de Justicia e Instrucción Pública entre 1927 y 1929, y orador en el sepelio de José Batlle y Ordóñez, en octubre de 1929. Los candidatos a diputados por Montevideo eran Hugo Batalla, Sergio Previtali  hijo de Alba Roballo y diputado entre 1967 y 1972 , Nelson Alonso, Liborio Hugo Sica, Eduardo Arsuaga y Carlos Cassina. La flamante lista batllista sumó sus votos a la Democracia Cristiana, Lista 808, dentro del sublema Frente del Pueblo.
En las elecciones de noviembre de 1971, la Lista 9988 sacó 31.000 votos, de los cuales 18.000 eran de Montevideo; no era la votación esperada. Michelini conservó su escaño, pero Roballo no salió reelecta; había estado en el Senado desde 1959. Recordemos que el Frente Amplio obtuvo en ese primer comicio cinco senadores y dieciocho diputados.
Roballo siguió siendo frenteamplista hasta el último día de su vida. En las elecciones de 1984, al final de la dictadura, encabezó una lista al Senado por la Izquierda Democrática Independiente (IDI) que no obtuvo los votos necesarios. Debió esperar hasta los comicios de 1989, cuando resultó electa senadora suplente por Democracia Avanzada, Lista 1001, donde también estaba Germán Araújo. En los comienzos de los noventa, tras casi dos décadas, volvió a ocupar brevemente su banca y fue homenajeada por todo el Cuerpo. Recordó en ese regreso a Brum, a Grauert y la lucha contra las dos tiranías que debió enfrentar.
En 1992 reunió algunos de sus poemas en el libro La casa del humo, otra faceta de Alba que, por razones de tiempo, no pudimos mencionar.
Anunciamos que presentaremos el proyecto correspondiente para que en la Sala 15, que lleva su nombre, se coloque un retrato de la doctora Alba Roballo.
Tengo una anécdota personal bien breve que quiero relatar, y con esto culmino. Es por ella que la relato más que por mi protagonismo. En un acto muy grande en la explanada de la Universidad, después de que Uruguay recuperara la democracia, compartimos un estrado. Cuando bajábamos la escalinata me preguntó si podía darme el brazo. Lo que quiero remarcar  no por mí, sino por ella, aunque, ¡claro!, para mí fue un orgullo  es que cuando íbamos por la mitad de la escalinata me dijo: "Esperá un poco, Groba; no sabés el orgullo que me da bajar del brazo de un dirigente obrero".
Esto no es por mí, es por la coherencia y el apego a la lucha social de la doctora Alba Roballo. Cuando me dijo eso, naturalmente, no le contesté, me sonreí, y seguimos bajando. Mantengo ese recuerdo, y cada vez que se lo cuento a algunos compañeros  ahora lo estoy haciendo en esta Cámara  me parece que lo vuelvo a vivir.
Alba, ante el recuerdo de los ciento diez años de tu nacimiento, queremos decirte lo siguiente. ¡Gracias por tanta vocación de lucha social! ¡Gracias por tanta vocación al servicio de la política nacional! ¡Gracias por tanto amor a la democracia y a la libertad! ¡Gracias por todo lo que has hecho, gran mujer, doctora, exsenadora Alba Roballo!
He culminado, señor presidente.
(Aplausos en la sala y en la barra)