Andrés Berterreche  

De trabajo, tecnología y sueños

29/03/2019

     ¡Y arrancó la campaña electoral! Entonces se entran a plantear los temas tratando de interpretar el sentir de las mayorías, pero muchas veces con soluciones que parecen más de un juego infantil de magia que algo sustentado en la realidad. “Voy a crear 100 mil puestos de trabajo”. Abrakadabra, unos polvos mágicos y aquí está el resultado.

     Veamos, hoy parece que es difícil explicar el desarrollo del mundo del trabajo si esto no está implícitamente ligado a la productividad y a la competitividad asociadas a los avances de I+D. Ya Michael Porter, el economista de la teoría de la competitividad de las naciones, del cual no soy precisamente un apóstol, hace décadas que plantea esta alta correlación entre ventajas competitivas y desarrollo tecnológico.

     Ahora bien, cualquier enfoque del tratamiento del mundo productivo tiene en la actualidad algunos conceptos que se repiten. Entre ellos, los vocablos cambio e incertidumbre seguro que están dentro de los más manejados.

     Desde la visión de lo productivo y el mundo del trabajo la humanidad viene teniendo grandes saltos cuali y cuantitativos desde mediados del siglo XVIII donde se establece el comienzo de la revolución industrial. Posteriormente con los sucesivos cambios tecnológicos, que hasta permiten hacer una diferenciación entre la primera y la segunda revolución industrial, la aparición de la máquina a vapor, el motor a explosión y el manejo productivo de la electricidad,  permitieron que estos avances se dieran en una lógica exponencial. Sin embargo, tal vez el mayor salto se fue dando a partir de la finalización de la segunda guerra mundial y en particular en las últimas cinco décadas donde se establece el comienzo y desarrollo de la llamada revolución tecnológica y de la información, que cambió drásticamente algunos conceptos paradigmáticos de la situación anterior.

     Estos cambios se pueden constatar en diversas variables: en el tipo de estructura organizacional, tanto pública como privada, en la división internacional del trabajo, en la relación entre los factores de producción y la demanda, en la valoración de costos y productividad, etc.

     Sólo para aportar un dato ilustrativo, según  Alberto Romero, en su artículo: “Globalización y pobreza”, establece que “Tal ha sido la importancia del cambio tecnológico en la transformación estructural de las economías, que más de la tercera parte del comercio mundial está conformado por bienes que no existían al finalizar la segunda guerra mundial”. Y esto posiblemente haya aumentado en la medida que el artículo citado es del 2002, y una década y media en este ritmo acelerado de cambios permiten intuir que los nuevos productos tienen aún mayor peso. Continúa diciendo el autor: “Estos bienes corresponden a los campos de la electrónica, las telecomunicaciones, la informática y la biotecnología. Este nuevo patrón tecnológico ha modificado sustancialmente el contenido de la división internacional del trabajo, pues la especialización y las ventajas comparativas dependen cada vez más de la capacidad de innovar, adaptar, adoptar, imitar o mejorar tecnología”. Solo vale la pena pensar que en nuestro caso uno de los productos más exportados sigue siendo la carne. Pero se puede concluir que aquella primera carne  refrigerada exportada por nuestros rudimentarios frigoríficos a fines del siglo XIX es bien diferente a la carne trazada que nos permite acceder a beneficios como la cuota 481. Es decir, que aún los clásicos productos están modificados por factores tecnológicos actuales.

     Teniendo en cuenta todo lo anterior se puede afirmar que en el contexto presente las potencialidades científicas y tecnológicas son componentes fundamentales a nivel de un país para su sistema productivo y sus políticas en clave de desarrollo. 

     Hace un tiempo, en una conferencia del Economista Sebastián Torres accedimos a la siguiente imagen que parece por demás ilustrativa:

            ¿Dónde se crea el valor agregado? Distribución del valor en el iPhone, 2010

 

   Fuente: Kraemer, Linden, Dedrick, 2011

     Más allá del ejemplo, que puede ser solo una foto de un momento y un producto, parecería mostrar claramente dos conceptos: la ganancia del valor agregado se queda en donde surge ideas y conocimiento, y por otro lado no es el bajo costo del trabajo lo que va a dejar la rentabilidad en un eslabón de la cadena.

     Los técnicos, tecnólogos, Ingenieros, etc., pasan a ser un nuevo proletariado, con mucho más dominio de los procesos que ellos mismos conducen, y esto sin dudas traerá consecuencias.

     En cuanto a los productos obtenidos de los procesos industriales también presentan cambios sustanciales. Muchas veces se accede a mercados con nuevas especificaciones por la nada simple diferenciación de un producto.

     Hoy en día existen discusiones sobre la primarización de nuestra economía y la pérdida de la obtención del valor agregado.

     Sin embargo, queremos dejar planteado un punto crítico a esta posición, aunque más no sea una provocación a la discusión.

     Si un producto primario con todas las características de un commodity viene de un proceso de producción que eslabones atrás tiene alta tecnología y valor agregado, es decir, que para poder producir ese producto se tuvo que hacer un esfuerzo tecnológico importante que obliga a generar valor hacia atrás, es cuestionable tratarlo como un simple producto de la simple extracción de los recursos naturales.

     El punto, en realidad, se debería situar en quién y en dónde se generan esos procesos de valor. Si la tecnología genética, la industria química y la “agrónica” es solo un producto importado sin intervención de la ciencia y la tecnología nacional, entonces sí estamos ante un problema de primarización. Si en cambio esto da origen al trabajo del conocimiento y la información a nivel nacional, se considera que la cosa debe ser al menos repensada. Y sobre esto habría que trabajar.

     Pero para que este tipo de cosas suceda hay que definir un rumbo claro, y una formación generalizada de nuestros trabajadores.

     Plantear un aumento del desarrollo productivo de carácter sustentable por la eliminación de algunos impuestos, la baja de los salarios por la flexibilización laboral o la disminución del Estado, es por lo menos incorrecta cuando no mal intencionada.

     Solo la formación, y la inversión en ciencia y tecnología va a priorizar nuestro más valioso recurso: nuestros y nuestras compatriotas.