Manuela Mutti  

De Corrales a Tranqueras

17/05/2018

“El viejo mundo se muere,
el nuevo tarda en aparecer.
Y en ese claroscuro
surgen los monstruos.”
Antonio Gramsci

 

El movimiento es la principal condición del ser humano, de la vida. Nada permanece quieto, ni siquiera la muerte, debería decir mucho menos la muerte.

No obstante la comprobación empírica de dicha afirmación, en todos los órdenes que habitan nuestra cotidianidad, asistimos a la gran recurrencia de un tiempo lineal, finito.

Una concepción religiosa que ve el respirar como un simple -e ínfimo- espacio que intermedia el gran vacío de la existencia. Concepción que se instaló a prepo para que la culpa persiga a todo aquél que se aparta de las normas que otros escribieron para salir favorecidos. Concepción que en la actualidad es el leitmotiv de nuestro dios contemporáneo, la economía, que no para de hablar de la escasez de recursos y nada te dice de los que en un año acumulan más plata que la que podrían gastar, ellos, sus hijos y hasta sus nietos.

Pero, y por eso de que “lo que Juan dice de Pedro, habla más de Juan que de Pedro”, no voy a hablarles de ellos, sino de nosotros.

Futuro pasado
Al cuerpo de la política le sobran los moretones, muchos se los debemos a quiénes ya no les sirve la representatividad, a quienes prefieren encontrarnos solos para doblegar nuestra resistencia, pero unos cuantos moretones nos los hemos auto infligido. Y justamente por no resistir ese deseo de sobresalir, sin saber que quienes verdaderamente sobresalen son los sobresalientes, el resto podemos tener nuestros 30 segundos de fama antes de que la realidad nos devuelva al lugar que mejor nos cabe.     

Estaremos equivocados si pensamos que quien más pierde es uno mismo, y doblemente equivocados si pensamos que quienes más pierden son los demás. Cuando pierde la política perdemos todos, porque la política es un lenguaje, es una herramienta, son posibilidades, es la comunicación entre diferentes que se ponen de acuerdo para resolver los problemas que nos atraviesan.

La política como actividad, como condición humana, es precisa, es insustituible. No es algo ajeno a nuestro vivir en sociedad, todo lo contrario, es la capacidad de poder convivir con los demás. El fantasma de la NO política no son los militares, ellos son solo un actor político más, somos nosotros conviviendo con la peor de nuestras miserias.

Futuro cercano
La inmediatez de los tiempos que corren nos tiene en un continuo análisis electoral, de candidatos, caudillezco. No terminamos de asumir una responsabilidad que ya empezamos a hablar de la próxima, si se trata de reelección, si vamos por algo más, si me acompaña fulanito o si tengo de rival a sultanita.

Lejos estamos de poder pensar en como hacer para cumplir lo que nos propusimos o como dar cabida a una realidad que pujando te cuenta que va cambiando, que es preciso una revisión o un agregado, o que capaz hay que pegar un volantazo.

Y en esa loca dinámica naufragan nuestras posibilidades de cambiar los enfoques, las sensibilidades y hasta los nombres. Porque claro que importan los nombres, claro que nos gusta que nos tengan presente. Aunque preferiría que antes que el nombre primaran las ideas, el compromiso, la actitud de saber que sin un colectivo no somos nada y que los colectivos se construyen y se cuidan, no se compran ni son objetos de cálculos.

Para este futuro que se avecina precisamos hombres, precisamos mujeres, que sepan lo que es vivir lejos de las cámaras, lejos del centro, lejos del ego. De ellos saldrá, y de manera natural, la mejor representación. Y no al revés, no se elige primero al individuo, sobran los ejemplos para ver como nos ha ido con individualismos exacerbados.

El futuro se piensa, se construye y se milita, con la humildad como premisa, con vocación como método de trabajo y con multitudes como motor.