Nelson Larzábal  

DDHH “con los pies en el barro”

03/05/2018
Aniversario de Luis Pérez Aguirre (1941-2001)

 

El pasado domingo 22 de abril, Luis María Pérez Aguirre (SJ), “Perico” hubiera cumplido 77 años de edad. Con tal motivo y en el marco de las “fiestas Mayas” tradicionales en la Ciudad de Las Piedras, la Red de Amigos, junto al gobierno de Canelones, la granja-hogar “La Huella” y otras instituciones organizan una muestra con imágenes* , trabajos, manuscritos y, lo más trascendente quizá, el legado conceptual y humano de este defensor de los DDHH que revolucionó, desde el pensamiento y la acción, el mismo concepto de la solidaridad, “La condición femenina” (así tituló una de sus obras), hoy diríamos de la mujer, y la lucha por Verdad, Memoria y Justicia.

Me es imposible opinar sobre “Perico” como simple observador de una personalidad descollante en Las Piedras y en el país todo. Porque mi historia personal y la de mi familia estuvo profundamente entrelazada a la de este sacerdote jesuita, quien muy tempranamente tomó una opción personal por los explotados y explotadas del mundo y en especial entre los más vulnerables dentro de la sociedad capitalista, por aquellos que lo son en mayor grado: los niños sin hogar y las mujeres.

Como él y a su influjo, formamos parte de la comunidad educativa que llevaba adelante “La Huella” 26 años (1979-2005)  que, en paralelo a la crianza de nuestros hijos biológicos en la granja-tambo-hogar, hacíamos lo propio con decenas de niños y niñas víctimas de abandono u otras violencias, brindándoles así un espacio de familia, trabajo y afecto, indispensable para todo camino futuro en la vida.

Hoy en día, en un contexto de exceso de información y de malos ejemplos, el de Perico, así como el de los compañeros Pepe y Lucía, por citar algunos, representan muestras de que toda opción por “el otro o por la otra” se inicia con un camino de decisión personal que nos aleja del mérito o el alago y nos acerca al renunciamiento con intencionalidad.

Demás está decir que Perico provenía de una acomodada familia, poderosa económicamente y políticamente conservadora. Su vida hubiera sido despreocupada y cómoda, de no haberlo orientado no el hedonismo sino el sentir como propias las injusticias cometidas hacia los demás, trabajando incansablemente para superarlas. Y fue por tanto semilla de otros compromisos y abono fértil para la toma de conciencia de decenas de jóvenes que lo tratamos y quizá, de otros en su momento niños y que hoy redescubren su legado, de miles que lo leyeron o lo escucharon.

Sus trabajos hacían pensar y por lo tanto incomodaban. Algunos y algunas lo ven como el precursor del eco-feminismo actual, cuando ponía en el centro de las preocupaciones la condición de las mujeres y a partir de ello explicar otras situaciones de opresión.

Sufrió la censura dentro de la misma Iglesia y asimismo en el contexto de la dictadura militar fue preso político y huelguista de hambre reclamando “por los excluidos y proscriptos (por los que “no habían sido invitados al copetín político”)”  -al decir de Juan Bustamante-, hablar de torturas, proscripciones, etcétera.

Fundador del Servicio Paz y Justicia (Serpaj) en Uruguay a pedido expreso de Adolfo Pérez Esquivel en 1980 y de la Comisión para la Paz a nombre de Familiares de Detenidos Desaparecidos, la muerte lo encontró en ese rol, en 2001, al que dedicó sus mejores energías y cuyo objetivo aún no se ha alcanzado y por el contrario queda tanto por investigar y encontrar, como las recientes confesiones en el ámbito parlamentario de ex militares han venido a reconfirmar.

En ese entonces la pobreza y desnutrición infantiles en Uruguay eran aberrantes para un país con nuestras características. Hoy, un Sistema Nacional de Cuidados en marcha, una verdadera POLÍTICA DE ESTADO enfocada en quienes más los necesitan por su condición de exclusión, como la que lleva acabo el Ministerio de Desarrollo Social o el propio Instituto de la seguridad Social (BPS), seguramente lo tendrían como inspirador y fiscal implacable.

Los logros alcanzados en materia de reducción del aborto de riesgo para las mujeres, el reconocimiento de derecho a las diversidades sexuales y, principalmente, el actual empoderamiento de las mujeres para colocar su condición de producción y reproducción, lo que la convierte en doblemente explotada, llaman a recordar a Perico y profundizar en  su pensamiento para encarar lo mucho que queda por hacer.

En una entrevista sobre “La Huella”, Perico destaca: “Este hogar nace en plena dictadura, quienes ayudaron a concretarlo decían que no querían demostrar nada sino mostrar que se podía organizar la vida social o la sociedad con otros valores, con otros criterios. Allí en esa propiedad comunitaria se trabaja el campo produciendo leche, criando cerdos que sirven para financiar. En el trabajo participamos grandes y chicos. La división de roles en función del género masculino y femenino como habitualmente se hace en la sociedad allí está cuestionada ya que se distribuyen las tareas de acuerdo a talentos y no de acuerdo a lo que se dice sobre ‘hombres más fuertes o mujeres más débiles’”.

Así, en La Huella nos tocó desde criar cerdos, ordeñar vacas hasta lavar y las sábanas y pañales de los niños y niñas, hijos biológicos y “del corazón”. Cada 22 de abril, su cumpleaños es conmemorado con el denominado “Periniños”, una fiesta para quienes encontraron en La Huella su hogar, hoy como ayer.

Perico y este homenaje que le tributará Las Piedras nos acercan a repensar la acción política que como fuerza de izquierda, justiciera y liberadora, encaramos en la actualidad. Reafirmar los valores de solidaridad, justicia social, organicidad y compromiso con un proyecto como lo es el Frente Amplio, capaz de dignificar a todo un país, en un camino continuo de lucha contra un sistema excluyente y extractivista.

“Estamos  mal  educados  para  los  derechos  humanos.  Superar  esta incultura supone partir de lo más inmediato, de lo más íntimo, de lo más cotidiano y doméstico, para luego remontarnos a lo más amplio, complejo y estructural”, decía Perico. Y agregaba: “Educar es el arte de hacer que aflore todo lo más hermoso, lo más valioso, lo más digno, lo más humano que hay en el corazón de cada persona”.

La militancia política la concebimos precisamente desde esa necesidad constante de educarnos y educar, para transformar la realidad. Sin sacar los pies del barro porque, como enseñó Pérez Aguirre, “no es indiferente el lugar desde donde promovemos las transformaciones sociales y culturales”.

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* Luis Pérez Aguirre, Derechos Humanos con los pies en el Barro. Pabellón del Bicentenario, Parque Artigas, Las Piedras, Canelones, desde el 28 de abril y durante todo mayo.