Martín Nessi  

Aderbal Freire Filho. Ser rebelde de una forma planificada.

07/05/2018

Version taquigrafica de lo expresado en Sala por el  Edil Martín Nessi y el Dramaturgo, Director, Actor, Docente y Periodista Brasileño Aderbal Freire Filho en el acto Homenaje a este último con motivo de la Declaracion de Visitante Ilustre propuesta por el Edil Nessi llevada adelante el dia 2 de Mayo de 2018 en las instalaciones de la Junta Departamental de Montevideo.

SEÑOR NESSI (Martín).- Gracias, señora presidenta.

En primer lugar, quiero dar las buenas tardes a todos y a todas.

Quiero saludar a las autoridades departamentales presentes, a las autoridades de la Embajada de la República Federativa de Brasil, a nuestro compañero Héctor Guido -representante de la Institución Teatral El Galpón- y a los integrantes del SUA y de FUTI presentes hoy.

Es para nosotros un honor abrir las puertas de esta Casa -que es nuestra casa y de todos los montevideanos y montevideanas- a quienes son parte de lo mejor de nuestras tradiciones y forman parte de los mayores valores que como ciudad y departamento podemos tener. Vemos la ciudad y el departamento como un todo, y en ese todo, justamente, los aspectos culturales, espirituales, humanos y político-filosóficos son un baluarte central de nuestra identidad y de nuestra esencia montevideana.

Montevideo está hecha por su gente y por los amigos y amigas que a lo largo de nuestra historia hemos generado. Lo material y lo inmaterial generan ciudadanía, generan democracia, hacen política por sí mismos, nos conforman como polis, y de ahí la importancia que para nosotros tienen este tipo de eventos, en los que nos reconocemos a nosotros como parte de una construcción que nos une. Y somos realmente cuidadosos, en esta Casa y en lo personal, a la hora de proponer estos homenajes, estas declaraciones, en este caso, de Visitante Ilustre.

Como decíamos, hay una construcción de un nosotros que nos une. Por eso, en ese nosotros elegimos a Aderbal para ser declarado Visitante Ilustre en el día de hoy por ser parte de nuestra esencia, de nuestra identidad, y por ser parte de nuestras mejores construcciones como montevideanos y montevideanas.

Este actor, director, dramaturgo, docente y periodista, que nació en la ciudad de Fortaleza -en el norte de Brasil- y que vive desde los años 70 en Río de Janeiro, es para nosotros un hermano. Es un ingrediente fermental de nuestra creación; de hecho, es parte activa de nuestra creación.

Sin dejar de lado su riquísima obra, su extensa biografía, los premios y reconocimientos que ha tenido, nosotros queremos hacer hincapié en el Aderbal que más nos conmueve, el que más conocemos: el deconstructor, el que nos desafía siempre a pensar en lugares poco comunes, el que de forma ordenada todo lo altera, el que revoluciona, el que crea, el que dedica su tiempo a la libertad, el que en sus obras y su mensaje no panfletea y nos dice, por ejemplo, que lo más político del teatro son sus formas.

Como decíamos, Aderbal nació en el paradigmático norte brasileño, en la ciudad de Fortaleza, pero a partir de la década del 70 decide ser parte del espíritu carioca, esa cara tan conocida de Brasil y tan vendida al resto del mundo; ese Río que tanto se ha mostrado, que tomamos como el corazón de Brasil y que muchas veces parece ser alma y exterior de un organismo muy fuerte y hermoso que, al mismo tiempo, carga con un interno dolor. Allí, en ese Río de Janeiro fue donde Aderbal creó la mayoría de sus espectáculos. Junto a obras como Tío Vania, de Chéjov; Hamlet, de Shakespeare; La muerte de Danton, de Büchner; El fugitivo, de Ariovaldo Mattos, y la adaptación de la novela de Cervantes que tituló Don Quijote de la Panza, entre otras, puso en escena novelas como la épica, simbólica y a la vez pragmática Moby Dick, en la que, según cuenta un crítico en alguna publicación de la época -a la cual nos costó bastante acceder, pero pudimos hacerlo-: Hay una ballena la cual habla, nadie sabe muy bien cómo es, pero el director logra que todos afirmemos que efectivamente se trata de una ballena. Creo que allí está parte de la esencia.

Ese es nuestro amigo, nuestro visitante ilustre Aderbal Freire Filho.

Entre los años 1980 y 1990 dirigió varios espectáculos en Montevideo, en dos de las instituciones culturales más destacadas de nuestro departamento: la Institución Teatral El Galpón, que cumplirá 70 gloriosos y combatientes años en el 2019, y la Comedia Nacional, que cumpliera sus 70 años el año pasado. En este último caso, vivimos en esa ocasión un grato momento en el Teatro Solís acompañando a nuestra Comedia Nacional en un más que merecido homenaje.

Abro aquí un paréntesis para decir que estos hechos nunca son casuales, pues creo que cuando se anda por el mundo buscando mundo, en general lo que se suele encontrar es mundo y gente de mundo. En ese sentido, creo que tanto Aderbal como la gente del Teatro El Galón han hecho un esfuerzo enorme, en una militancia casi internacionalista de buscar abrir la cabeza y buscar nuevos horizontes.

Como decíamos, tanto el Teatro El Galpón como Aderbal y la Comedia Nacional han sido consecuentes dentro y fuera de escena. Con la Institución Teatral El Galpón, Yegor Bulychov y los otros, de Máximo Gorki, quien fuera un revolucionario, político y escritor soviético; y la obra Luces de Bohemia, del modernista español Ramón del Valle Inclán. Con la Comedia Nacional dirigió en 1985 las obras Mephisto, de Klaus Mann, Las fenicias, de Eurípides, y Molière, de Bulgakov.

Como decíamos, nuestro amigo Aderbal ha sido consecuente más allá de los escenarios. En el año 1973 funda el Gremio Dramático Brasileño; y más adelante en el tiempo funda -si no me equivoco, fue en 1989- una compañía cuyo nombre me llamó muchísimo la atención: el Centro de Demolición y Construcción del Espectáculo. Además, participó en diversos talleres, festivales y muestras de varios países de América Latina.

Enfundado en una idea central -que rescatamos y compartimos- de que el teatro debe ser el arte del presente, se ha mantenido siempre atento a la realidad continental y ha mantenido siempre la necesidad de aproximación del teatro brasileño con el de los países vecinos.

En realidad, la creación de sus espectáculos parece ser parte de un progresivo desarrollo de reflexiones que dan origen a disertaciones, a grandes textos, a charlas, a talleres, a un debate sostenido con el público, con la gente vinculada a la actividad teatral fuera del escenario concreto.

La enseñanza es también parte de su actividad y de su trayectoria. Entre otras cosas, coordinó la comisión que creó la Escuela de Dirección Teatral de la Universidad Federal de Río de Janeiro. Enseña en la Casa de las Artes de Laranjeiras. Enseña también en la Escuela de Teatro Martins Pena y en la Facultad de Letras de la Universidad Federal de Río de Janeiro. Además, en la Escuela de Comunicación de dicha universidad coordina un curso de posgrado.

Como si esto fuera poco, Aderbal lleva adelante un teatro en Río de Janeiro: el teatro Poeira. Lo hace junto a su pareja, la reconocida actriz Marieta Severo. Allí, en ese teatro, también esa necesaria vocación -creo yo que de militancia internacionalista- está presente. Además de obras de otros países latinoamericanos, en dos oportunidades se llevaron adelante propuestas uruguayas. A saber: la obra Gatomaquia y Solo una actriz de teatro, interpretada por nuestra queridísima Estela Medina, que nos honramos otra vez de tenerla en un evento de la Junta Departamental, para quien pido un aplauso.
(Aplausos)
Decíamos que Aderbal sostiene que el teatro debe ser un arte del presente, y mediante la búsqueda de nuevas formas de teatralidad en su escenificación coloca al actor como un elemento fundamental, y hace del actor y de la actriz un principal agente transmisor del lenguaje y de la comunicación de las ideas propuestas.

Aduce, además, que las formas y el contenido no se separan, y no duda en apelar a coreografías y puestas en escena en las que se diga lo que no se ve. El año pasado vimos la obra Incendios, en el teatro El Galpón, y había mucho de eso. Es, justamente, de las cosas más ricas que tiene esa obra. Hay mucha cosa que no se ve, que no está allí pero que uno sabe que está. Creo que ese es un elemento central en el modo de comunicar que propone. Rehúye el panfleto y los lugares comunes, y se ve el crecimiento. Lo que no se ve jamás es la masa ni la levadura. Creo que cuando se logra tal objetivo y se comunica con tal claridad se es oportunamente efectivo. El teatro tiene que decir, escuchar y comprometerse, a la vez que debe volver a ser un lugar de combate, y para eso, según él mismo cuenta al medio local La Diaria, aunque algunas cosas que hayan sucedido en el pasado sean importantes, él quiere hablar del ahora, que existe y es fuerte. Y vaya si hay ahora en América Latina, y vaya si hay ahora en su país. En esa misma nota dice: no quiero hacer un teatro que diga Fuera Temer, pero sí quiero que mi forma de expresión sea capaz de insertarse en esa discusión que se libra por los medios de comunicación, por las redes sociales, y volver a un teatro político.

Ese es el fuerte del teatro que Aderbal nos plantea. Es un teatro que se comunica con la gente y que va más allá del entretenimiento.

Déjeme decirle, señora presidenta, que en realidad creo que el teatro es una expresión de la sociedad y que como tal debe ser apoyado por nosotros, y en esto reivindico un deber, pero también un derecho. Nosotros tenemos el deber desde el lugar que ocupamos de apoyar el teatro, pero tenemos el derecho de que nuestra ciudad sea creadora de buenas producciones y de buen teatro, y de eso somos parte.

Aderbal tiene dos hijos: Juca y Camilo, de 48 y 38 años, respectivamente, y -como ya lo mencionamos- está casado desde el 2004 con la reconocida actriz de televisión Marieta Severo.

Estudió derecho, llegó a recibirse de abogado, pero prefirió ser siempre -como él mismo se denomina- un guardián del teatro. Fue amigo de Atahualpa del Cioppo. Hizo algún que otro programa de televisión; un par de películas de cine. En el 2009, recibió la Orden del Mérito Cultural de la Presidencia de la República del Brasil. En su carrera dirigió más de cincuenta obras.

Hace del teatro un arte del presente. En algún momento se dijo de él que era el representante del cubismo en las artes escénicas. Deconstruyó la realidad; mostró lo que no estaba; modificó el espacio escénico; modificó la luz y puso al cuerpo de actores y actrices en el centro de la escena. Siendo técnicamente un disciplinado, rompió con todo lo pactado. En realidad, tiene esa gran habilidad que poca gente tiene de ser un rebelde de una forma muy pensada y muy planificada. Eso no es nada sencillo.

Hoy está aquí, en nuestro Montevideo. El año pasado regresaron, él a El Galpón y El Galpón a él, para realizar el montaje de Incendios, de Wajdi Mouawad, con la misma puesta en escena con la que estrenó esta obra en su país en el 2013, obteniendo los mayores galardones del teatro brasileño. Eso habla del gran aprecio y respeto que por nuestro país tiene.

De su obra en vivo vi solo esta y debo decir que me partió la cabeza por la historia, por la actualidad, por todo lo que cuestiona y por el gran profesionalismo desplegado en la Sala Campodónico, lo que se vio premiado por funciones a sala llena, cinco nominaciones al Florencio y una nueva mini temporada de Incendios en el 2018. En este mismo año esta obra comenzó una gira internacional, que la llevó a Cosa Rica, donde obtuvo los mejores reconocimientos tanto del público como de la crítica especializada.

En junio Incendios integrará el ciclo de teatro uruguayo en el Complejo Teatral de Buenos Aires, y en octubre participará en el prestigioso Festival Internacional de Teatro de Manizales.
Para terminar, señora presidenta, quiero agradecerle a Aderbal y a la gente del Teatro El Galpón por hacer semejantes esfuerzos en épocas en las que el teatro debe competir contra millones de celulares y una ola de inteligencia artificial en la que el hombre solo podrá diferenciarse de los algoritmos que él mismo crea, porque tiene la capacidad de sentir, de improvisar y sobre todo de crear. Como dijimos, la capacidad de crear precisa libertad, tiempo y condiciones de trabajo y desarrollo, lo que como humanidad debemos garantizar.
A nuestro visitante ilustre quiero decirle que esta distinción no busca más que ser una señal concreta para decirle que es nuestro hermano, que es parte de nosotros, que es nuestro gran amigo, al que agradecemos todo lo que nos ha hecho ver sin que allí esté; al que agradecemos que escuche, que nos deje participar y a quien le decimos que está en nuestros corazones y que por sobre todas las cosas sepa que somos parte de enormes puñados de gentes de mundo que se alían en una misma tarea.
Muchas gracias.
(Aplausos)

SEÑOR FREIRE FILHO (Aderbal).- Señora presidenta de la Junta Departamental de Montevideo, señor representante del señor intendente, miembros de esta Junta: estoy muy emocionado de verdad.

Quiero agradecer al señor edil Martín Nessi por sus palabras.

Hice algunas anotaciones. Los que trabajaron conmigo reconocen estos cuadernos negros, que es en los que en los últimos ensayos, cuando no quiero intervenir para no
cortar la fluidez de las emociones y el trabajo del actor, hago anotaciones para después leerlas. Al principio no los uso porque estoy en el escenario como un actor más, pero después sí. Entonces, para sentirme un poco apoyado, con un objeto del escenario, que es el lugar donde he pasado mayor tiempo de mi vida, preferí traer unas anotaciones y leerlas acá para no olvidarme de nada.
Primero quiero decir que recibo el título con el que me homenajean, como dijo Martíni, como un homenaje de hermanos, como el calor, la amistad, el reconocimiento que tienen los hermanos cuando se encuentran, cuando se reconocen como hermanos. Más allá de las palabras, de los elogios que se dicen, está la generosidad que se brindan los hermanos, y porque somos generosos con los hermanos decimos palabras tan bellas y tan ricas. Saludamos nuestra identidad, nuestra amistad. Así recibo este homenaje.

Pero me permito decir que al adjetivo ilustre no lo merezco. Claro, se dice que recibo ese título por mi trayectoria en el teatro, por el aporte, por mi presencia, por mi identificación con el teatro uruguayo. Realmente, si pienso que pisé un escenario por primera vez cuando tenía 13 años y ahora estoy por cumplir 77 -dentro de una semana, aquí, y no será la primera vez-, y en todo ese tiempo nunca dejé la actividad… Estudié Derecho, me hice abogado, trabajé con mi padre -que era abogado-, hice televisión -un poco-, cine, pero en todo ese tiempo nunca estuve lejos de los escenarios del teatro. El teatro, la profesión, el oficio teatral es lo que más me identifica, así que quizá por eso el adjetivo podría ser duradero, insistente, persistente, longevo, quizás visitante fanático…
(Hilaridad)

Pero el teatro sí es ilustre. El teatro es el espacio en el que se inventan mundos y utopías. A veces se dijo que el teatro es un espejo del mundo. Quizás eso se empezó a decir a partir de un parlamento de Hamlet, cuando ese personaje de la obra de Shakespeare les dice a los actores de la corte, entre muchos consejos, que el objetivo del teatro es poner un espejo delante de la naturaleza, mostrar a la virtud su rostro, al vicio su imagen y a cada época su edad y su cuerpo verdaderos. Pero para hacerlo, para reflejar de ese modo el mundo, el teatro tiene que ser más que un espejo. Aun cuando en el mundo real intentan matar las utopías, en el teatro, por su propia naturaleza, siguen vivas, las utopías son un presente. Las utopías son el propio carácter del teatro. Quizás esa sola definición, esa sola referencia justificaría la condición ilustre del teatro. El teatro no solo refleja el mundo: el teatro crea mundos, abre nuestras miradas hacia otros mundos posibles.

Si por ser un hombre de teatro se me dice ilustre, entonces somos ilustres todos los artistas de teatro. Es un honor estar acá hoy, al lado de mis ilustres, ilustrísimos compañeros actrices y actores de teatro. Es un honor estar al lado de todos los ilustres actores de El Galpón que podría nombrar, ilustres actores del teatro independiente uruguayo, de la Comedia Nacional, del teatro uruguayo. Solo así me siento merecedor de ese título, solo como un miembro de esa comunidad del mundo del teatro, que es también un lugar de encuentro de la sociedad y un lugar democrático como este.

Hay un filósofo francés contemporáneo llamado Alain Badiou que dice que la idea teatro solo se realiza en el escenario; no es el texto, no es algo que puede existir en una lectura, sino que la idea teatro solo se realiza en el escenario, y es natural agregar: y en presencia de público. Es un encuentro de la sociedad en un espacio democrático; escenario y platea son las partes inseparables del acontecimiento teatral. Eso es lo que dijo Alain Badiou del teatro.

La importancia social del teatro es su carácter, es su propio fundamento. Sin embargo, mientras hoy crece en el mundo en el que vivimos esa importancia social del teatro, de los medios que nos acerquen, que nos apunten los caminos, que nos abran las miradas, que nos muestren las verdades en un momento tan importante, la atención del teatro contradictoriamente disminuye. Cuando empezó el cine mucha gente dijo que el teatro iba a morir; después se dijo que el teatro nunca iba a poder hacer Titanic y el cine sí; sin embargo, hicimos Moby Dick, que no solo es un barco, son muchos barcos, y además no solo son personajes humanos sino que hay un personaje que es una ballena. Hoy la expresión poética, la expresión artística del teatro es más fuerte y más potente. O sea que la contradicción entre el teatro y el espacio que necesita ocupar y no ocupa en la sociedad es cada vez más grande. La sociedad contemporánea compite por la superación de esa contradicción. Creo que al estar hoy acá hablando de teatro estamos dando un paso enorme.

El Galpón cumple -como ya se dijo- 70 años el año próximo. Tengo la esperanza de que la sociedad montevideana vuelva a integrarse con su teatro como lo estuvo en 1949 cuando construyó, junto a aquellos jóvenes, la primera sala en Mercedes y Roxlo, cerca de donde está hoy El Galpón.

Me enorgullece este homenaje también porque lo recibo en un momento histórico en el que la necesidad del teatro, aun decreciente, es considerada.

Yo quiero también hablar del título con el que me honran en este homenaje, es decir, el de Visitante Ilustre. Ya habló Guido de mi incorporación a la ciudad de Montevideo y al Uruguay. Cada vez más me siento en casa cuando estoy en Montevideo; me siento entre amigos, me siento entre afectos, me siento en paz, como se siente uno en su casa. Así me siento yo en Montevideo. Quizá me falte la foto de la época de la escuela, con el moño. Pero estoy casi seguro de que si la busco entre las muchas fotos que tengo de Montevideo…
(Hilaridad)

Tengo fotos al lado de Atahualpa del Cioppo en el hall del teatro El Galpón, en las fiestas; tengo fotos con amigos en las gradas del Estadio Centenario; tengo fotos frente al Parque Hotel, que no es más un hotel, sino una casa que recibe a los que vienen a defender la independencia de Sudamérica. Tengo muchas fotos. Y pienso que si me pongo a buscar, voy a encontrarla…
(Hilaridad)

Acá tengo muchas amigas y muchos amigos, como tengo amigas y amigos en Río, donde viví la mayor parte de mi vida, y en Fortaleza, donde nací.

Quizá pueda resumir esas muchas amistades en la memoria de aquel que primero me invitó a Montevideo, a la primera muestra de teatro, en el año 84. Hablo de mi querido amigo, de mi querido hermano Rubén Castillo. Yo no lo escuché -cuando llegué, ya había pasado- cuando a través de la radio invitó a los montevideanos a un importante encuentro histórico a las cinco en punto de la tarde. No lo escuché; ya había pasado, pero estuve con él tantas veces, lo escuché tantas veces, conversamos tanto en las mesas del Sorocabana, de otros bares, de otros cafés, en boliches, en su casa, en los muchos programas de radio en los que estuve con él, que pienso que pudo haber cantado en una banda de rock en Discodromo…
(Hilaridad)

Si cierro los ojos, oigo su voz, su convocatoria para las cinco en punto de la tarde.

¡Son tantos amigos más! No los puedo nombrar a todos; son muchos. Pero aun así quiero nombrar a algunos: María Azambuya, Chino Campodónico, Bernardo Galli, Nelly Goitiño, Nancy Bacelo, Héctor Manuel Vidal, Júver Salcedo, Armando Halty, Delfi Galbiati, Juan Reggiardo, Eduardo Schinca, Jaime Yavitz, Coriún Aharonián. ¡Y quiero decir tantos más! ¡Tantos, tantos, tantos más! Amigos y amigas, actrices y actores, técnicos, poetas, músicos, compañeros; amigos de todos los tiempos.

Me acuerdo de Alberto Candeau, y en especial de dos ocasiones. Una vez fui a su mesa, a su tertulia en el bar Hispano a llevarle un libro que se había publicado en Brasil sobre el maracanazo. Allí estaba la transcripción de toda la narración del partido hecha por un narrador brasileño. Otra vez fue cuando fuimos con Estela, con la Comedia, a hacer una temporada en el teatro San Martín de Buenos Aires de Mefisto, la primera obra que hice acá. Él era el jefe de la delegación -ya estaba retirado de la Comedia-, pero le pedí que en una escena cruzara el escenario, se parara, mirara y se fuera, y así lo hizo.

Son muchos recuerdos, muchos sentimientos. Hay mucha admiración, amistad, amor. Y esto es para decir que aunque de hecho sea un visitante, me siento casi montevideano.

Con respecto a lo que decía Martín, tenía ganas de decir muchas cosas, pero ya hablé demasiado. Al principio no saludé a mi compatriota, el embajador, lo saludo ahora, y le quiero decir que acepte lo que voy a expresar en este espacio democrático; sé que estamos entre pensamientos políticos distintos, pero este es un lugar en donde los pensamientos políticos son expresados sin odio.

Para terminar, quiero decir que hace poco, dos años -cuando se tiene mi edad, dos años es poco; pero para otros, dos años es mucho-, cuando se estaba gestando el golpe del 2016 en Brasil, yo escribí un artículo que publicó el diario O Globo. Yo decía que antes, cuando empezaban los Gobiernos de izquierda en Brasil, muchos decían que se querían ir a Miami, y yo escribí: Yo me quiero ir para Uruguay si acá la república de la hipocresía se instala. Entonces, recibir ahora este homenaje es todavía más importante para mí, y lo recibo como afirmación de una hermandad, cuando nosotros, los brasileños, más la necesitamos. Como dije: este es un espacio de democracia y no quiero ser un visitante sin educación, que habla de temas incómodos. Pero también sé que el ideal democrático que se vive acá permite que todos los temas puedan ser discutidos. En Brasil la democracia está amenazada y la presencia del odio en todas partes es una prueba de esa amenaza.

Entonces, entre demócratas me puedo permitir terminar con dos votos. Uno va dirigido a ustedes, que me homenajean y emocionan: ¡viva Montevideo!; ¡viva Uruguay!; ¡viva la democracia uruguaya! El otro va dirigido a mis hermanos de acá, para que no se dejen engañar por una narrativa falsa e incompleta; va dirigida, también, a lo que todavía existe de conciencia y de ética en mi país: ¡Lula libre!
(Se aplaude de pie)