Mauro Mego  

¿Nos importa el Frente Amplio?

28/06/2016

Pensaba hace instantes sobre qué tema debería destacar en esta columna. Pensaba que sería importante relatar los sucesos departamentales de Rocha, la marcha de nuestro gobierno departamental, nuestro trabajo desde la Junta, hablar respecto del debate necesario que debemos darnos sobre seguridad, podríamos hablar de Educación –el dilema irresuelto–, hablar de la situación económica y de las medidas del gobierno, hablar de las internas del Frente Amplio, de lo que proponemos y de qué mirada tenemos de la realidad actual. Pero quiero detenerme en una reflexión mayor, de algún modo básica en el desarrollo derivado de los temas que azarosamente destaqué líneas anteriores, la pregunta es: ¿Nos importa el Frente Amplio?

Estamos a treinta días de la elección interna de nuestra fuerza política. Creo personalmente que es todo un desafío hacer esto que hacemos, elegir lejos de los tiempos electorales tradicionales nuestras autoridades y hacerlo de una forma democrática, es decir, que voten todos quienes se sientan frenteamplistas mediante el mecanismo de adhesión simultánea. Uno cuando recorre los territorios, cuando habla con compañeros y compañeras nota que hay una cauta expectativa respecto de este proceso electoral interno y respecto de cómo calificar de éxito o fracaso dicho evento político. Sobran por todos lados diagnósticos sobre qué le falta al Frente Amplio, cuáles son sus fortalezas, sus dilemas, sus desafíos. Pero creo que las organizaciones políticas que formamos la coalición debemos sincerarnos de una buena vez, no para autoflagelarnos ni para iniciar la batalla fratricida.

El otro día conversando con un compañero de aquí, de Rocha, sobre “la desmovilización” planteada por muchos analistas y que seguramente tengan algo de razón, concluíamos algo no menor: ¿Qué partido político de este país puede largarse a esta “aventura” democrática de elegir sus autoridades de esta forma y en este momento, y más aún, siendo gobierno? ¿Alguna vez, fuera de época electoral, los Comités de Base estaban abarrotados de gente? ¿Es cierta esa invocación permanente a un “paraíso perdido”? A veces hay que ser sinceros con nosotros mismos, con nuestra historia y con la historia política de nuestro país para proyectar hacia adelante nuestra fuerza política. Hoy, estoy seguro, no hay fuerza política en nuestro país más organizada que el Frente Amplio. En cada rincón del país hay Frente Amplio, donde hay dos o tres compañeros que se juntan. Aquí en Rocha, hace unos días fuimos a

Punta del Diablo, un frío tremendo en horas de la noche, un viernes, sin embargo había compañeros en rueda con una estufa al centro ¿Cómo se llama eso si no es organización y compromiso? Como siempre digo, seamos cautos y sensatos con el diagnóstico, sobre todo porque somos el Uruguay, debemos comparar nuestra fuerza política con el resto de los adversarios, pero además debemos sincronizar nuestros razonamientos a la historia y cultura política de nuestro país. Ahí dejaremos de flagelarnos todo el tiempo.

El asunto de fondo no es ni la visión apocalíptica de algunos ni la soberbia autocomplaciente de otros, el asunto de fondo es si nos sentimos frenteamplistas y si nos importa el Frente Amplio como síntesis, como resultancia de la mistura de diversas visiones progresistas, si estamos dispuestos a “perder” cosas para ganar otras, si estamos dispuestos como sectores políticos a aceptar esa diversidad y convivir con ella, si de verdad abrazamos una ética de izquierda y si entendemos aquella máxima del “ser y parecer” que tanto guió nuestro accionar. Más allá de los análisis técnicos y los ríos de tinta sobre el Frente Amplio, la cuestión vuelve sobre sus bases luego de 45 años. ¿Para qué se construyó el Frente Amplio? ¿Qué movió a aquellos hombres y mujeres a juntarse para desarrollar en tiempos mucho más hostiles que hoy a esta herramienta? En aquellos años dar aquel paso –imagínese a muchos que provenían de partidos políticos fundacionales– que era una verdadera renuncia. Sino piénsese lo que le costó a uno de nuestros mejores, Zelmar. Nada menos que su vida.

El Frente debe ser ante todo una construcción humana y ética, no basta enunciar preceptos revolucionarios o lindos para la tribuna si no buscamos achicar la brecha entre lo que decimos y lo que hacemos, ese es el desafío más grande que tenemos desde la izquierda. Después habrá tiempo para discutir vías, estrategias, programa, rumbos. Ante todo el espejo y la idea de que no hay nada más importante que “la ciencia del ejemplo”. En ese eje está el asunto de fondo, y allí los sectores políticos que integramos la izquierda tenemos enorme responsabilidad, aun siendo críticos feroces de la excesiva e injustificada sectorización que ha venido sufriendo el Frente Amplio en todo su territorio. No hay que confundir estrategia de acumulación y apertura con reproducción de chacrismos y atomizaciones caprichosas deslumbradas por la cercanía de alcanzar puestos de gobierno.

Nosotros aprendimos de muchos viejos frenteamplistas que cuanto más grande se es, más generoso se debe ser, de esa manera pensaremos no en imponer nuestra visión cómo “verdad revelada” sino pensaremos más en el largo plazo, en la mañana siguiente. Es inconcebible que hagamos diagnósticos todo el tiempo, la mayoría de ellos pesimistas, pero que además practiquemos cotidianamente un sectarismo ciego, esclerosante, de corto plazo. Si de verdad nos importa el Frente Amplio debemos leer al Uruguay en su dimensión real, no idealizada, viendo sus carencias, sus fortalezas, interpretando al ciudadano oriental cómo es –no cómo yo quisiera que fuera–, leer nuestra historia, leer incluso a nuestros adversarios, leer lo incómodo, lo políticamente incorrecto.

Necesitamos los sectores dejar de pensar en esas subalianzas, en esas “familias” que ni siquiera, pudiera decirse, son familias ideológicas, o por lo menos nadie lo ha fundamentado fuertemente. Se me viene a la mente aquel “Grupo de los Ocho” que al fin y al cabo aún me pregunto su objetivo. Cada período electoral armamos ingenierías electorales complejísimas, y en el medio tal vez olvidamos llenar de contenido a nuestro Frente Amplio. ¿Somos mejores que otros compañeros por pertenecer a tal o cual sector? ¿Estamos “más claros” por estar gestionando el Estado? Más simple, ¿vamos a los Comités de Base a echar una mano?

Creo que el Frente Amplio necesita una nueva síntesis, necesita una apertura a los tiempos que vivimos, pero eso solo será posible si nos importa de verdad el Frente Amplio. No podemos seguir pretendiendo un Frente Amplio que haga “lo que yo quiero”, y que si yo interpreto que no hace lo que “hay que hacer” de inmediato me cambio de vereda y me pongo a tirar piedras. ¿Estamos practicando la tolerancia con aquellos compañeros que tienen diferencias con nosotros? ¿Cuáles son los límites de respetar las internas sectoriales o de respetar nuestra unidad? ¿Se hace necesario hablar descarnadamente de algunos asuntos? Esas preguntas podrán empezar a responderse el día que evitemos los sacros blindajes de nuestros sectores que nos encierran en razonamientos, a veces, corporativos. En esa dinámica se estigmatizan algunos y se enaltecen otros, ¿Y quién pierde? El Frente Amplio. No hay errores mejores o peores, son errores. Los frenteamplistas se cansan de las categorías implícitas que permiten a algunos estar siempre “a salvo” de las macanas y a otros estar siempre sindicados como responsables de todo. ¿Por qué razón fomentamos la idea de que hay algunos mejores que otros? Me hace acordar a esa idea promocionada que existe de que algunos son “expertos” en gestión y otros son siempre “improvisados”. Cuando uno mira al lado se da cuenta que estamos en el mismo barco. Si las maduras son de todos, las verdes también. Si es que nos importa el Frente Amplio como construcción en el tiempo o solo para la foto del momento.

Si el Frente Amplio pierde el gobierno, ¿qué vamos a hacer? ¿Nos vamos a tirar al río? Bajo ningún concepto. Si de verdad nos importa el Frente Amplio construyamos fuerza política más allá de discutir las anécdotas de gestión, discutamos más allá de los titulares de la gran prensa, discutamos más allá del mármol del Parlamento o de los escritorios ejecutivos, discutamos primero hacia adentro de nuestros sectores, separemos “la arena de los guijarros”. ¿A quién le sirve un Frente Amplio blindado a toda crítica? Claro que hay crítica oportunista o resentida, pero también hay crítica sensata y pertinente. No para fomentar la crítica mediática o el linchamiento de compañeros, sino para poder construir con la cabeza abierta a escuchar incluso aquello que no nos gusta. Es un equilibrio complejo pero necesario, es ese equilibrio que nos trajo hasta acá. No hay dudas que el Frente Amplio es la única herramienta política para generar un país más justo para todos, pero con eso no alcanza si nosotros mismos no estamos convencidos, si no mostramos que nos importa el Frente Amplio, y eso se hace con humildad y renuncias sectoriales e individuales, no con imposiciones ni búsquedas de hegemonías. Si los años más duros no destruyeron al Frente Amplio, no podemos permitir que las excentricidades políticas de hoy nos sumerjan en un espiral destructivo, no es posible eso.

Más que hacer una buena campaña, que recorrer el país, que presentar buenos candidatos, hay que ir haciendo otras cosas. Ningún compañero que asuma la tarea de presidir al Frente Amplio es mago, ni de la noche a la mañana va a resolver los dilemas que tenemos. El Frente es del pueblo y el pueblo es paciente en sus construcciones. Pero quienes somos parte del Frente Amplio, somos parte de esta coalición, nos cabe una enorme responsabilidad cotidiana y permanente de construir con esa cabeza, con una cabeza generosa pero firme, con Unidad pero con capacidad crítica, con defensa de los compañeros pero también con evaluación. No podemos dejar que el statu quo nos absorba nuestra capacidad de reacción y que lo políticamente correcto se adueñe del discurso y de la acción. Vinimos a cambiar este país, no a contrapelo del pueblo ni a imponer algo como minoría iluminada, vinimos a construir de a poco y pacientemente un país que nos incluya a todos, pero para eso la sanidad de nuestra fuerza política es lo determinante, y de sus sectores aún más.

El Frente Amplio debe importarnos porque cada parte de esta colcha es importante, cada paso que demos será importante. Estemos preparados para vencer o para ser derrotados en futuros electorales, porque también deberemos, en el caso de una derrota electoral, reagrupar nuestras fuerzas y no quedarnos pasando facturas innecesarias sobre el calor del acontecimiento. El gobierno es una circunstancia, lo permanente es el Frente, que también como elemento histórico no está inmóvil, se mueve, cambia y cambiará. El peligro de que no nos interese el Frente en los hechos puede derivar también de la “zanahoria” del gobierno, o por los razonamientos quinquenales que circunscriben nuestras energías al campo del gobierno o la gestión, que son los campos de lo posible, son campos condicionados por la coyuntura, donde operan fuerzas que nos exceden. Aboquémonos a lo que tenemos cerca, que es nuestro Comité de Base, los libros, las charlas, convencer, participar del Frente Amplio. Antes que nada el Frente Amplio, que somos todos y no somos ninguno en particular. Si será peculiar este proyecto político. Hagamos que nos importe en serio el Frente Amplio, porque su dueño es el pueblo, “ese pueblo vigilante”, paciente. Interpretémoslo más, a ese pueblo que se levanta temprano, toma el bolso y se va a trabajar, a ese pueblo que va a buscar sus hijos a la escuela, que quiere su plato caliente y un futuro. Y de paso estemos cerca de ese pueblo un poco más, que eso es lo único que jamás se nos podrá reprochar si lo hacemos hoy y siempre. Que se reproche todo lo hecho en el futuro, pero jamás que no supimos palpitar con nuestro pueblo. De nosotros depende.

Publicado en el Diario La República