Cecilia Bottino  

Aún falta mucho por hacer

22/03/2016

Otro mes de marzo que nos encuentra participando de múltiples actividades enmarcadas en la conmemoración del Día Internacional de la Mujer y en todas ellas está presente la necesidad de seguir sensibilizando sobre los avances que hemos tenido, pero fundamentalmente sobre lo que aún nos resta por hacer en materia de equidad de género.

En este mes muchas de las mujeres que militamos en el MPP, nos juntamos en el Primer Encuentro Nacional del Frente por la Equidad de Género Violeta Setelich que integra el Área Social de nuestra organización. Ahí elaboramos un documento síntesis de la actividad donde entre otras cuestiones expresamos que “no queremos ser víctimas, ni victimizadas, no somos ‘débiles’ ni queremos que como tal se nos pinte. Queremos trabajar colectivamente en el desarrollo de una nueva conciencia, también -y en primer lugar- de las mujeres de nuestro pueblo. Queremos caminar hacia la construcción no solo del ‘hombre’ nuevo, sino también de la ‘mujer’ nueva”.

“Somos parte de las luchas liberadoras de nuestro pueblo, parte de las contradicciones de clase y la gran batalla contra el capital y su sistema de dominio”. Entendemos que el patriarcado “fue impuesto con violencia y con violencia continúa actuando, porque violentos han sido todos los sistemas de propiedad privada. Violencia que se recrudece con el desarrollo de los distintos modos de producción, y el capitalismo en especial.

Instalando la violencia en la sociedad (guerras, violencia machista, intrafamiliar, laboral, generacional, etc., etc.) como parte de sus valores, de allí que su superación sea mucho más compleja que la superación individual o colectiva de la dependencia económica, si bien el rompimiento de esta constituye una base elemental. De lo expuesto surge la lógica unidad de las diversas formas de discriminación (racial, migratoria, sexual, etc., etc.), útiles a cualquier sistema de explotación”, añade el documento.

Y agrega, que “es necesario marcar constantemente que los derechos conquistados de las mujeres deben ir de la mano de los mecanismos para atenderlos, sobre todo en los estratos sociales más vulnerables”.

En ese marco, el principal desvelo sigue siendo proteger la vida y la integridad física de las mujeres como presupuesto para el cabal ejercicio de todos los otros derechos. En ese sentido, en el Parlamento tenemos el desafío de elaborar un nuevo Código Penal que avance en materia de género, que defina claramente los bienes jurídicos a proteger en esta materia y que ponga por encima de todo la protección de la vida. Además debemos trabajar sobre el proyecto enviado por el Poder Ejecutivo que crea la figura de feminicidio como agravante especial del homicidio.

El problema a resolver es la muerte violenta de mujeres basada en su género. Son muchos los ordenamientos jurídicos que han procedido a castigar la figura, por lo que Uruguay se encuentra en una región que ha optado por integrar la figura a su legislación. Pero la decisión que tiene por delante Uruguay en el marco de la reforma del Código Penal merece una profunda reflexión y análisis de si es necesario o no incorporar la figura a nuestra legislación penal, para evitar que la decisión de incorporar el tipo penal tenga un efecto meramente simbólico de visibilizar las muertes violentas.

Por lo tanto, la cuestión a decidir en primer lugar es si resulta necesario crear la figura de feminicidio en la legislación penal uruguaya y, en segundo lugar, si tomamos la decisión por el sí, la segunda cuestión a decidir es cómo debería tipificarse.

Respecto de la primera cuestión, podría argumentarse a favor el poder simbólico que tiene el derecho penal pues haría visible la cuestión de la violencia y, también, que las muertes violentas de mujeres tienen una singularidad que no puede ser captada por los tipos penales neutros que protegen la vida. En ambos argumentos hay un presupuesto previo que no puede perderse de vista que es la discriminación estructural de las mujeres, que vivimos en una sociedad patriarcal donde se nos atribuyen determinados roles y se nos establecen niveles de dependencia de otros.

Por tanto el planteo es si el derecho penal puede resolver esta situación, si tipificar el delito de feminicidio contribuye a reducir el número de muerte de mujeres. Por supuesto que la ley por sí sola no solucionará el problema, sino que además debemos abocarnos a la educación y formación de los operadores jurídicos y sobre todo el cambio cultural que debe operar en la sociedad para desterrar el modelo patriarcal, cambio cultural y de educación que debe partir de los niños y niñas en adelante.

Contamos para ello con el aporte que han hecho las organizaciones sociales que tienen muchísima experiencia acumulada al respecto y que en el mes de diciembre de 2015 fueron recibidas en el marco del programa que lleva adelante OPP y la Escuela de Gobierno y de las expertas internacionales que expusieron en este pasado mes de febrero.

Si poner punto final a la violencia de género es un compromiso de Estado, el Poder Legislativo tiene mucho para aportar en mejorar las herramientas que ya tenemos y en crear las que sean necesarias desde el punto de vista legal y nuestra responsabilidad es trabajar en tal sentido.

Publicado en: Diario La República