Ernesto Agazzi  

Se cierra el séptimo ciclo electoral, ¿qué aprendimos?

20/03/2015

Desde la derrota de la dictadura cívico - militar y la reimplantación del régimen constitucional que el pueblo Uruguayo logró en el año 1985, se han sucedido siete ciclos electorales a lo largo de los cuales han habido avances en la senda de la construcción democrática.
El proceso de los cambios no fue lineal y estuvo siempre marcado por movilizaciones de grupos sociales, por discusiones públicas, por confrontaciones políticas, en un largo camino que no pretendo enumerar por su diversidad de situaciones.
Las campañas electorales son una oportunidad para llevar adelante tales discusiones, que no se dan exclusivamente entre los partidos políticos, pero que estos materializan en sus propuestas programáticas, en asuntos como la ley de impunidad, la de empresas públicas, los Consejos de Salarios, la reforma electoral, la patria financiera versus País Productivo, el atraso cambiario, o la crisis del sistema bancario. Estos fueron puntos altos de los asuntos en discusión, que como grandes temas dividieron aguas en el ámbito nacional, ya sea al definir explícitamente posiciones en relación a los mismos o por no decir nada, que es una forma usual de mirar para el costado y dar posición por omisión, que es lo que muchas veces hacen los grupos del poder cuando sus intereses son indefendibles racionalmente.
La derecha muchas veces nos acusa de interpretar el proceso de construcción nacional con un espíritu fundacional, como si todo hubiera comenzado con el triunfo del Frente Amplio, y tiene razón. Mucho antes de marzo de 1971, desde la Revolución Artiguista, nuestro pueblo cultivó un espíritu Republicano, de defensa de los más infelices, de múltiples formas espontáneas de solidaridad en la sociedad, de espíritu de lucha en defensa de los más oprimidos. Incluso puede sostenerse legítimamente que debido a ese caudal de cultura histórica del ser nacional es que en cierto momento de la historia política nacional, apareció esa forma original de una fuerza política llamada Frente Amplio.
Pero lo que es innegable es que desde que el Frente Amplio asumió la conducción del país, el Uruguay está transitando un proceso de transformaciones profundas sin antecedentes, por lo menos desde la Segunda Guerra Mundial hasta nuestros días.
Para aceptar o discutir tal afirmación es necesario mirar los grandes rasgos del proceso de construcción nacional, tratar de ver el bosque y no los árboles de a uno.
Los problemas principales en las décadas del 60 y 70 estuvieron todos inscriptos en un proceso de crisis económica y política que no tuvo otra alternativa que un reajuste por la vía autoritaria. Sin o con golpe de Estado, se violó la Constitución, la Justicia y se desconoció al Parlamento, con el fin de mantener los privilegios de la minoría oligárquica que vulneraba los derechos sociales de las mayorías. Innumerables fueron los actores que salieron a las calles, a la prensa, a la discusión pública en defensa de la democracia uruguaya.
El acta fundacional del Frente Amplio, del 5 de febrero del 1971, fue la síntesis política de un amplio arco de organizaciones que decidieron constituir una fuerza política plural en la que ningún integrante perdía su identidad, y todos sumaban fuerzas en aras de la democracia y la justicia social.
Significó tanto la defensa de los valores históricos nacionales como el comienzo de la organización política del conjunto del movimiento que buscaba transformaciones de fondo de la sociedad uruguaya.
Visto como un proceso, tal acuerdo no fue una medida circunstancial, sino la creación, en un momento preciso, de una herramienta política para la acción permanente, como una y mil veces repitió el General Seregni, con el fin de cambiar la realidad nacional para defensa de los intereses de las mayorías.
Desde los orígenes del Frente Amplio hasta hoy se han producido profundas transformaciones en el mundo, en la región latinoamericana y al interior de nuestro Uruguay. Hubo cambios internacionales, como la época de las dictaduras pro norteamericanas, la caída de los regímenes comunistas de Europa del Este, el período de predominio del mensaje neoliberal y la recuperación democrática, y a lo largo de todo el período se fueron modificando las formas en que se manifestaron los distintos intereses nacionales y globales, expresados en posiciones de organizaciones sociales, empresariales, de trabajadores, de intelectuales, políticas y de la cultura.
También el Frente Amplio cambió, porque hoy estamos en el gobierno y queremos construir una sociedad de ciudadanos con derechos y no simplemente de demandantes, por lo que el proceso de acumulación de fuerzas para los cambios tiene características distintas a cuando éramos oposición.
Desde el 2005 se están produciendo cambios profundos en la sociedad, no sólo en los logros medibles, en el empleo, los salarios, los ingresos o en la legislación aprobada, que es mucha, sino en algo difícil de medir, que es el estado de ánimo de la mayoría de la población. ¿Cómo explicar que los uruguayos estén construyendo su confianza en la izquierda nacional para hacer frente a los desafíos próximos, que no se conocen todavía, y que al mismo tiempo esté deconstruyendo la confianza en los actores políticos que han gobernado este país durante décadas?
Algo viene cambiando en la sociedad, cuya definición, explicación y causalidad corresponde a las ciencias sociales más que a la política, pero sin cuyo concurso será difícil entender lo que está pasando. Los siete ciclos electorales nos están mostrando una evolución que nos invita a revolver nuestro ideario.