Sebastián Sabini  

¿Podemos ser Finlandia?

09/06/2017

Artículo publicado en Montevideo Portal el 26/5/2017

La visita del presidente Tabaré Vázquez a Finlandia dejó, entre otros aspectos, acuerdos de cooperación en relación a temas educativos. Desde que se iniciaron las pruebas PISA, en el año 2000, el país nórdico se ha ubicado entre los de mejor calificación en todo el mundo y, por tanto, un modelo educativo de referencia. Desde hace ya varios años, el sistema educativo finlandés se ha convertido, para buena parte de los especialistas locales e internacionales, en el paradigma a seguir. Mucho se ha disertado al respecto en los ámbitos académicos e incluso fue recibida la responsable de la coordinación de la reforma curricular en ese país, la profesora Irmeli Halinen. Desde aquí no se plantea que sea inadecuado observar y analizar procesos exitosos, que han logrado obtener buenos resultados en evaluaciones internacionales como son las pruebas PISA. Negar la relevancia de una propuesta que puede aportar insumos en el mejoramiento de nuestro sistema educativo, sería necio. Pero creo que es pertinente preguntarnos, ¿nos interesa la calidad de la educación en Finlandia o sus resultados? En otros encuentros, hemos hecho referencia a lo cuestionable que resultan los estándares PISA y sus discutibles modelos de análisis, evaluación y objetivos, además de sus efectos directos sobre las políticas educativas locales. Pero si esa es la cancha sobre la que vamos a jugar, dejemos algunas cosas en claro.

Plantear que Uruguay no es Finlandia parece más un insulto al intelecto que una reflexión. Pero es más que pertinente tenerlo en cuenta a la hora de hacer un análisis. Los sistemas educativos son un engranaje más de la compleja estructura que conforma el entramado económico, político, social y cultural de una nación. Partiendo de esa base, y nuevamente cayendo en la obviedad, no podemos injertar una parte de esa estructura, por más funcional que resulte, en otro contexto muy disímil.

Tengamos presente algunos elementos. Finlandia es un país de casi cinco millones y medio de habitantes, distribuidos en un territorio de alrededor de 340.000 km2, con una densidad de población muy baja (de las menores de Europa). Su economía se sustenta en la industria forestal y la exportación de tecnologías de la información y telecomunicaciones, con Nokia como bandera. Su PIB ronda los 230 mil millones de dólares y pese a que los resultados económicos se han visto afectados por los avatares sufridos por la economía europea en los últimos años, Finlandia se mantiene como uno de los países con mayor PIB per cápita del mundo (alrededor de US$ 46.000).

Si miramos los números de Uruguay, queda claro que estamos lejos. Nuestro PIB se ubica en un entorno de 55 mil millones de dólares (menos de una cuarta parte del finlandés), lo que se traduce en un PIB per cápita de casi 16 mil dólares. Sin lugar a dudas hablamos de economías completamente diferentes. Pero tampoco nos acercamos en la inversión en educación. Mientras Finlandia destina un 6.8% de su PIB al sector educativo, Uruguay se encuentra intentando, con grandes esfuerzos, acercarse al 5%. Si tomamos en cuenta el Índice de Desarrollo Humano (1), un indicador frecuente para la comparación entre naciones (mide logros básicos en tres dimensiones: salud, educación y calidad de vida), también quedan claras las diferencias. Finlandia se ubica en el puesto 24 en el mundo, mientras que Uruguay está en el lugar 52 (2).

Por otra parte, el proceso que desemboca en los niveles educativos de Finlandia no comienza en el año 2000. El actual sistema educativo (con las sucesivas adaptaciones, la última el año anterior) tiene raíces en la década del 60, tras la instalación de un gobierno de coalición de tendencia socialdemócrata, que se planteó la necesidad de llevar adelante una Reforma Educativa. El objetivo central de este nuevo plan educativo se asentó sobre dos pilares centrales: la igualdad de posibilidades en el acceso y el desarrollo de una educación de calidad como base para el crecimiento económico. De esta forma quedó desterrado el tradicional sistema dual de carácter elitista al cabo de una educación básica de cuatro años seleccionaba a sus alumnos en dos categorías que marcaban caminos separados: una vía académica que conducía hacia la universidad y otra, de menor de recorrido, que los preparaba para la inserción laboral.

La Ley de Educación básica sancionó el establecimiento de un currículo nacional obligatorio, con el desarrollo de una escuela común integral de nueve años.

El salto cualitativo de la educación finlandesa se produjo en la década de 1990, a partir de la crisis económica derivada del derrumbe de la Unión Soviética. Los cambios introducidos terminaron por engendrar un sistema educativo plenamente descentralizado y fortaleciendo el rol eminentemente público, enfocado hacia una formación de alta calidad, con igualdad de acceso, gratuidad en todos sus niveles y una elevada calificación docente. Como afirma el Ministerio de Educación finlandés “Las ayudas para estudios y los restantes beneficios sociales para la educación influyen decisivamente en la eficiencia de los estudios. Gozar de seguridad económica y social permite estudiar sistemáticamente a jornada completa y acortar la duración de los estudios. El objetivo es que la ayuda incremente la equidad entre los estudiantes y fomente la eficiencia de los estudios hasta la graduación.”(3)

Cuando muchas voces, desde diversos foros, plantean que la solución de nuestro sistema educativo se encuentra en la participación privada por medio de instituciones religiosas y laicas o a través de programas focalizados brindados por ONG, la enseñanza en Finlandia es totalmente gratuita en todos sus niveles y delineada por el Estado. Queda claro que una educación equitativa, de calidad y con buenos resultados no es hija de la privatización y la mercantilización.

Tampoco podemos dejar de lado que este sistema funciona dentro de un Estado de Bienestar que ubica a Finlandia con uno de los más altos estándares de vida de todo el planeta. Una alta tributación se conjuga con un importante gasto público que deriva en una gran prosperidad social, con grados notables de igualdad y distribución del ingreso, bajos niveles de pobreza, limitados índices de corrupción y criminalidad, altos índices de participación en la vida democrática, lo que se traduce en paz social y un crecimiento económico sostenido.

Por tanto, es más que evidente que los puntos de partida son muy diferentes. Veamos cómo funciona el sistema finlandés. Su organigrama establece varios pasos en el trayecto educativo, delineados jerárquicamente por una estructura que pone al Parlamento a la cabeza. Desde este poder del gobierno emanan los lineamientos concernientes a la currícula, las materias obligatorias y los objetivos generales del sistema, enmarcados en la Ley Básica de Educación. Por debajo se encuentran los decretos del Poder Ejecutivo que delimitan la carga horaria por asignatura. De allí en adelante, el Consejo Nacional de Educación (dependiente del Ministerio) tiene potestad técnica para desarrollar e implementar el currículum. No es menor destacar que este Consejo es un ámbito profesional y técnico en donde todos sus integrantes tienen formación y experiencia en el quehacer educativo. El siguiente escalón queda en manos de las municipalidades y las escuelas, encargadas de llevar a la práctica el currículum general.

Desde el nacimiento hasta los seis años, los padres pueden optar por enviar a sus hijos a guarderías infantiles o grupos familiares en casas particulares. El costo de esta atención está a cargo de cada familia, a precios accesibles. Estos ámbitos son primordialmente de socialización, ya que no existen asignaturas ni un currículo a seguir y tampoco es de carácter obligatorio. El 55% de los niños de 5 años de edad concurren a estos espacios, y el porcentaje desciende a edades inferiores.

A los seis años comienza la educación formal, una educación preescolar de un año de duración que incluye a casi el 100% de esa franja etaria. Este nivel es gratuito pero tampoco es obligatorio. Se estructura con jornadas diarias de cuatro horas promedio. Las personas a cargo de estas actividades deben tener una titulación universitaria o de educación superior.

Recién a los siete años, da inicio el proceso de educación obligatoria, que se extiende por nueve años. Este período de escolarización es enteramente gratuito. A esto debe sumarse la alimentación de los alumnos, los libros de texto y el resto de los materiales necesarios para la tarea, que son provistos por el Estado, además de servicios integrales de bienestar, lo que incluye la salud. También el transporte está a cargo de la institución educativa.

Este ciclo de educación básica se imparte por maestros de aula que dictan la totalidad de las materias (ocho en los primeros tres años y doce en los restantes), durante los primeros seis niveles. Los tres grados finales del ciclo son dictados por profesores de asignatura (una totalidad de dieciocho).

El currículo nacional comprende las asignaturas de Lengua Materna (finlandés o sueco) y Literatura, segunda lengua nacional, Idioma Extranjero, Estudios Medioambientales, Educación para la Salud, Religión o Ética, Historia, Estudios Sociales, Matemáticas, Física, Química, Biología, Geografía, Educación Física, Música, Arte, Diseño, Economía Doméstica y orientación. En el marco de este currículo, las autoridades locales y las escuelas tienen una relativa autonomía para diseñar su plan de estudios ajustado al contexto local.

Tras la reforma que comenzó a aplicarse en 2016 se ha hecho hincapié en la interdisciplinariedad, enfocándose en el trabajo coordinado entre asignaturas. Luego de la definición de métodos, conceptos y contenidos es obligatorio el trabajo transversal.

Transcurridos estos nueve años de escolarización los estudiantes obtienen la certificación que los habilita a cursar estudios superiores. La repetición está contemplada, solamente para el caso de que un estudiante no acredite los conocimientos y destrezas básicas necesarias para afrontar el curso siguiente. Además, existe la posibilidad de un décimo curso de carácter voluntario con la finalidad de que los alumnos puedan mejorar sus calificaciones y planificar su carrera futura.

El calendario escolar comprende 38 semanas, lo que se traduce en el entorno de unos 190 días de clase, funcionando cinco días a la semana con un una jornada diaria que se extiende entre 4 y 7 horas, según el nivel y las materias opcionales que dicte cada la escuela (4). La filosofía del sistema entiende necesario que los niños y adolescentes tengan un determinado tiempo de ocio, como parte de su formación integral. La ley establece que por cada hora de clase debe haber quince minutos de esparcimiento. Las escuelas cuentan con parques y lugares de recreación para que los niños jueguen como un eslabón más en su desarrollo.

Uno de los pilares de la educación básica, y que muchos expertos destacan como una de las explicaciones centrales para entender el éxito de la formación de los adolescentes finlandeses, es el apoyo escolar. Si un alumno no se adapta al ritmo corriente del nivel que está cursando recibe clases complementarias guidas por otro docente en coordinación con sus profesores de aula. Datos del 2009 indican que casi un 23% de los alumnos recibieron este tipo de acompañamiento pedagógico a lo largo de sus trayectorias educativas. 

Si las dificultades de adaptación revisten un grado más profundo los estudiantes pueden ser derivados al Plan de Educación Especial, que es dictado en la misma escuela o en centros específicamente destinados a ese fin. Estas clases son llevadas adelante por profesionales capacitados para atender las necesidades de los alumnos. Un 8.5% de los jóvenes matriculados fueron derivados a Educación Especial. Esto indica que alrededor de una tercera parte de los estudiantes reciben algún tipo de apoyo curricular a lo largo de su trayecto educativo. Otro aspecto esencial de la equidad del sistema.

Al mismo tiempo, la inversión por alumno es muy alta: alrededor de US$ 8.000 anuales, y es aún mayor en la educación técnica, en donde los costos de equipamiento incrementan el valor. Como ejemplo solo basta decir que en 2015 el promedio de la ANEP fue de US$ 2.200. El ideal de igualdad del sistema finlandés no prevé una recompensa económica por buenos resultados, al contrario, las escuelas con rendimientos más bajos ven incrementados sus presupuestos. A las que les va bien obtienen como premio el reconocimiento público.

El siguiente nivel es la educación secundaria superior (bachillerato), planificada en dos modalidades: general y profesional. Se extiende en tres cursos, entre los 16 y 19 años. Para el ingreso, se realiza un proceso de selección en el que se tiene en cuenta la trayectoria académica, la experiencia laboral y un test de aptitud, dependiendo si se trata de la formación general o profesional. En este nivel la educación continúa siendo gratuita pero desde aquí el Estado deja de proporcionar los materiales de estudio. Alrededor del 95% de los estudiantes que culminan el ciclo anterior, inician sus estudios en la educación superior. La orientación académica, además de comprender las materias obligatorias, debe ofrecer orientación escolar y cada escuela puede agregar materias adicionales. La acreditación del ciclo académico se obtiene mediante el National Matriculation Examination, que comprende una prueba sobre Lengua Materna, test en la otra lengua nacional, un Idioma Extranjero, Matemáticas o Estudios Generales (Humanidades y Ciencias Naturales). El sistema se organiza por créditos y se permite un trayecto dual pudiendo cursar materias de ambas orientaciones.

La educación superior es impartida por las universidades (con énfasis en investigación y enseñanzas científicas) y las escuelas superiores profesionales (orientadas hacia trabajos prácticos). Ambas áreas de estudio tienen cupo de ingreso debido alto número de aspirantes y las carreras tienen una duración de entre tres y seis años. Al mismo tiempo, un cierto número de instituciones imitan los mismos ciclos educativos para personas adultas.

Otro de los elementos centrales en que se enfatiza para explicar la destacada calidad de la educación en Finlandia es el elevado nivel de sus docentes. La carrera de profesor es una de las más populares en el país pese a su alto grado de exigencia. En promedio, solamente un 30% de los postulantes logra ingresar a la carrera (en 2016 este número se redujo al 7%).

Desde la década del 70 con la denominada Reforma de la Formación del Profesorado, para dictar clase en Finlandia es obligatorio contar con el título de Maestría de cinco años de duración.

Los candidatos a ingresar a la carrera docente deben atravesar exigentes pruebas, dada la alta demanda existente. La primera selección tiene carácter nacional. La segunda etapa se da a nivel de cada universidad. Completada la formación, el futuro docente debe pasar la selección que realiza cada escuela en la que solicite ejercer la docencia. Los municipios elevan los currículos a los centros educativos y son sus directores, luego de una serie de entrevistas y pruebas de aptitud, los que escogen a sus profesores. El sistema prevé la coexistencia de tres tipos de maestros: los profesores de aula, los de asignatura y los de apoyo (docentes de educación especial, orientadores, etc.). Los primeros cursan estudios universitarios de cinco años tras lo cual obtienen el título de Magister. La materia de estudio fundamental es la pedagogía. Los profesores de asignatura logran la titulación en la facultad relacionada a su área de estudio, que además incluye investigación y, también, una alta carga de pedagogía. Los docentes universitarios deben contar con un título de posgrado. A nivel general, la formación docente combina un fuerte contenido teórico (pensamiento crítico, competencias) junto a una carga pedagógica y práctica, orientada a la resolución de problemas reales que se enfrentan en un salón de clases.

Integrados a una escuela, además del quehacer áulico, los docentes disponen de una instancia semanal para el trabajo cooperativo con sus colegas, enfocado al desarrollo curricular, la planificación conjunta y la atención diferencial de alumnos. Esto se relaciona con el alto grado de autonomía con que cuentan los municipios y escuelas para la ejecución del currículo nacional. El intercambio de materiales y la rápida difusión de las buenas prácticas educativas, es habitual. Además, la formación permanente es obligatoria, debiendo cumplir una cierta carga horaria anual con jornadas organizadas por los municipios. Estas características en la formación docente otorgan un gran prestigio social a la profesión que es valorada y respetada por el Estado y las familias. Los jóvenes finlandeses desean convertirse en maestros pese a que no sean los mejores pagos del continente (el salario ronda los ? 3.000 mensuales).

Este panorámico relevamiento nos permite observar lo complejo de las comparaciones. El éxito de la educación en Finlandia es la consecuencia de una política planificada desde hace más de cuarenta años que se inserta en una de las sociedades con mejores estándares de vida de todo el mundo. Con un Estado de Bienestar que privilegia el sector educativo como motor de su economía pero también de su calidad de vida. Con un sistema de enseñanza centrado en la equidad, en la igualdad de oportunidades más allá de los condicionamientos socio-económicos, atendiendo las vulnerabilidades de cada uno de sus destinatarios. Con escuelas con grupos de estudiantes reducidos, con numerosos recursos humanos y materiales al servicio de la comunidad educativa, con una amplia autonomía escolar capaz de adaptar el currículum a su entorno y con una altísima profesionalización docente. Como afirma el PhD finlandés Hannu Simola: “la escolarización no está confinada a la pedagogía, la didáctica o el currículo, sino que, de modo esencial, incorpora y refleja cuestiones y elementos sociales, culturales, institucionales e históricos” (5)

Siempre es bueno mirar hacia los costados y reflexionar sobre las buenas prácticas, pero se debe hacer con los pies sobre la tierra.

 

Referencias:

1. El IDH es un indicador sintético de los logros medios obtenidos en las dimensiones fundamentales del desarrollo humano, a saber, tener una vida larga y saludable, adquirir conocimientos y disfrutar de un nivel de vida digno. La dimensión de la salud se evalúan según la esperanza de vida al nacer, y la de la educación se mide por los años promedio de escolaridad de los adultos de 25 años o más y por los años esperados de escolaridad de los niños en edad escolar. La dimensión del nivel de vida se mide conforme al PIB per cápita. Definición de PNUD.

2. Todos los datos fueron extraídos del Banco Mundial y del PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo).

3.Ministerio de Educación (2008); “Educación y Ciencia en Finlandia”. Pág.: 15.

4.De 1º a 3º grado las jornadas son de cuatro horas pero la escuela debe ofrecer una extensión horaria para atender a los hijos de los padres que trabajan en donde se realizan actividades deportivas, recreativas y apoyo en las tareas curriculares. De 4º a 6º la jornada es de cuatros horas, y de 7º a 9º las clases se dictan entre cinco y siete horas diarias.

5.SIMOLA, Hannu (2005); “The Finnish miracle of PISA: historical and sociological remarks on teaching and teacher education”; en GARCÍA, María José (2010); “Estudio comparativo de la educación: Finlandia y la Comunidad de Madrid”.

Fuentes:

Dirección Finlandesa de Educación (2007); “Sistema educativo de Finlandia”.

GARCÍA, María José (2010); “Estudio comparativo de la educación: Finlandia y la Comunidad de Madrid”.

GRIPENBERG, Martín / LIZARTE, Emilio (2012); “El sistema educativo en Finlandia y su éxito en las pruebas PISA”. En: Journal for educators, teachers and rainers.

HALINEN, Irmeli; Acta de Sesión de la Comisión de Educación y Cultura de la Cámara de Representantes; 7 de setiembre de 2016.

Ministerio de Educación (2008); “Educación y Ciencia en Finlandia”.

Ministerio de Educación (2013); “La educación finlandesa en síntesis”

SANANDAJI, Nima (2015); “El poco excepcional modelo escandinavo”. SAHLBERG, Pasi (2013); “El cambio educativo en Finlandia: ¿qué puede aprender el mundo?”. www.bancomundial.org www.pisa.oecd.org www.undp.org/es