Daniel Caggiani  

Como un faro en el océano de Latinoamérica

07/02/2017

Este 5 de febrero nuestro Frente Amplio cumple un año más de vida. En estos 46 años de lucha, de conquistas y derrotas para la izquierda nacional y regional nos ha permitido comprender la necesidad de trabajar en la construcción de una fuerza política que pueda analizar las principales problemáticas de nuestro tiempo y echar luz, como un pequeño faro en el océano de las principales transformaciones que son necesarias e imprescindibles para cambiar nuestra sociedad en los diferentes momentos históricos que hemos atravesado. Porque las fuerzas políticas deben intentar pensar no solo en el hoy sino en el mañana y para eso también es imprescindible analizar lo que está sucediendo en el mundo y la región.

Este 2017 se presenta como un año bisagra en múltiples aspectos para nuestro país, la región y el mundo. Se combinan factores de carácter político, económico y cultural que impactan en el orden global y tienen consecuencias sobre el día a día de millones de seres humanos en los territorios. Se combinan amenazas a la par de oportunidades.

En primer orden, no tenemos dudas en considerar que la democracia es principal amenazada, en un sentido amplio, no solo político sino fundamentalmente social. En nuestra región vemos cómo procesos de recorte de derechos y desconocimiento de la voluntad popular expresada en las urnas (como el impeachment en Brasil) se van imponiendo y naturalizando como mecanismos de usurpación de gobiernos, confirmando lo que ya había sucedido en Honduras y Paraguay, y se intentó (sin éxito) en Ecuador, Bolivia y Venezuela.

A la par de ello, en el plano global, hay un ataque a la democracia como forma de organización de la sociedad, que se impulsa desde una plutocracia capitalista, compuesta por corporaciones, actores políticos ultraconservadores y otros centros de poder transnacional. El objetivo es el recorte de derechos, el desmantelamiento de lo que queda de la idea del Estado de bienestar y el avance sobre la última frontera de explotación ambiental de los recursos naturales: los afectados son millones de migrantes, trabajadores a los que se les quiere quitar la posibilidad de negociar las condiciones laborales y salariales, mujeres y niños que sufren discriminación y exclusión.

Esta situación se describe en la idea del analista William Robinson, de que se trata de una versión extrema de la agenda corporativa neoliberal, y en ese sentido estamos enfrentando “el fascismo del siglo XXI”, una revuelta de los verdaderos poderosos del mundo contra los frenos y contrapesos institucionales de los estados nacionales.
Si vemos las expresiones de los partidos de derecha, xenófobas y fascistas, que están avanzando en Europa y otras regiones del mundo, vemos que son manifestaciones de esto mismo, de este ataque a la democracia. Los flujos de datos volcados desde las más diversas redes sociales hacia los centros de análisis definen un nuevo concepto de ciudadano, y por ende de acción política.

En América Latina ya estamos inmersos en las incertidumbres que generan los anuncios de la política exterior y comercial de la nueva administración de gobierno en Estados Unidos. Particularmente la relación con México, la segunda mayor economía de la región, puede generar una onda expansiva de reajustes económicos y sociales significativos. Desde 1994, que se encuentra vigente el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, que el presidente estadounidense Donald Trump ha anunciado que va a renegociar, la economía mexicana se convirtió en una extensión de Estados Unidos, expulsando a su propia población y oficiando a su vez como territorio de pasaje de millones de centroamericanos que procuraron armar su vida en aquel país. Todo esto hoy se encuentra en discusión.

México es parte a su vez de la Alianza del Pacífico, donde se vincula con Colombia, Perú y Chile desde una lógica de procurar una liberalización comercial total entre ellos que ya tienen por su parte cada uno con Estados Unidos. Sin embargo, según lo que ha anunciado en estos días el propio titular de Economía del gobierno mexicano, si su país debiera abastecerse en un futuro de alimentos y producción agropecuaria, que hoy los consigue en el mercado norteamericano, lo intentaría hacer mediante acuerdos con Argentina o Brasil, los principales productores agroindustriales de la región.

Todo este complejo escenario tiene un potencial de reestructurar fuertemente la situación regional, inclusive la política. Las fuerzas de izquierda debemos tomar nota de todos estos procesos globales y regionales, detectar las amenazas y entrever los caminos posibles, para delinear una estrategia nueva y urgente. Esta nueva estrategia no puede suponer olvidar ni descartar nada del campo simbólico y político que ha hecho a la propia definición de la izquierda en las últimas décadas.

Desde nuestro punto de vista, supone incluso reforzar el compromiso y la lucha política por una sociedad sin desigualdad, sin exclusión y con niveles de desarrollo con justicia social y ambiental que el modelo neoliberal no puede por definición, alcanzar. En el contexto regional actual, las derechas no tienen ningún modelo alternativo de desarrollo que no sea volver atrás mediante el recorte de derechos, la constitucionalización del límite al gasto público para las políticas sociales (como se hizo en el Brasil post golpe), el desmantelamiento de los derechos laborales, la persecución y hostigamiento a los migrantes (como hace el gobierno de “Cambiemos” del presidente argentino Mauricio Macri) y la despolitización de la sociedad por la vía de la conducción directa de la cosa pública por parte de gerentes de empresa.

Este 2017 es el año que puede cristalizar algunos de estos peligros, y puede ser también el año en el cual encontremos caminos de síntesis política y social para enfrentarlos. Por eso es necesario seguir recreando esta fuerza política que nació como esperanza del pueblo uruguayo para transformar este pequeño país y que hoy tiene también la responsabilidad histórica de echar luz en este rinconcito de nuestra América sino también al conjunto de las izquierdas de nuestra América que nos siguen mirando como un faro de esperanza futuro.