Andrés Berterreche  

Noticias, noticias

30/11/2016

Todos tenemos rutinas, y algunos, varias. No soy la excepción y en general empiezo mis mañanas abriendo cuatro o cinco portales de noticias. Algunos corresponden a la clásica prensa hegemónica, otros a alguna prensa alternativa, algún portal solo de noticias por internet o de alguna radio.

Si hiciera un collage de los títulos mayoritarios el producto sería pasible de ser calificado como una tentativa a la desazón nacional cuando no a la ira generalizada. Encontrar un título como el de “Se colocaron 60.000 toneladas de arroz en Irán” es como cuando éramos gurises y al abrir el sobre de figuritas nos aparecía la mágica sellada. Y aclaro que no es un titular inventado.
Pero lo que nos debería parecer incomprensible es por qué aparecen, una semana sí y otra también, las encuestas sobre las posibilidades de supuestos candidatos para las elecciones del 2019. Las hay de las más diversas presentaciones y metodologías, y sin lugar a dudas de las más variadas, e interpretaciones hasta traídas de los pelos.
Digo que esto es incomprensible por muchos motivos. Primero, porque con los pasados fracasos en el don de adivinación, tanto a nivel nacional como, y en particular, los recientes resultados internacionales, debería haber un cuestionamiento un poco más fuerte del que hay a estos informes. Es llamativa la validez que le dan hoy como si la opinión de la sociedad verdaderamente fuera esa. En segundo lugar porque para un evento que se va a dar dentro de tres años, faltando el 60 % de tiempo por gobernar, parecería poco serio andar vaticinando resultados. Yo diría que esto raya en lo profundamente frívolo. Tercero, porque seguro que los uruguayos tienen una infinita lista de prioridades diferentes a esa.
Convengamos que esto no es una acción inocente o azarosa, está dentro de un plan, una estrategia y busca un objetivo. Que cada quien saque sus conclusiones. Pero espero que aquellos que trabajan para cambiar y profundizar los cambios en esta sociedad no se metan en este lodazal preparado con malicia.
El emporio de gráficas de barras, de puntos o de tortas desplaza maliciosamente informaciones que no están. Porque mientras las elecciones no son ni el próximo fin de semana, ni a fin de mes, ni a fin de año, recientemente se celebró la Cumbre de las Cooperativas de las Américas que pasó inadvertida en las páginas que visito. A partir de esta cumbre hubo una serie de actividades asociadas a la economía solidaria, tan comunicada cuando fracasa, tan mal comunicada cuando soluciona necesidades y tiene éxito, contraviniendo el capitalismo concentrador.
Por eso, cuando recibí la invitación de los fasoneros de pollo para la colocación de la piedra fundamental de su próxima planta de faena sin dudarlo decidí compartir con ellos ese momento. Coordiné con algún otro compañero, esperando encontrarme con alguna asamblea de productores reclamantes. Y me encontré con un emprendimiento en marcha con una dignidad entusiasta, muy distante de los cierres de setiembre en la calle Lucas Obes.
Un par de docenas de familias que demuestran que es posible, que hay alternativas que dependen de la acción y convicción colectiva. Que necesitan organización y trabajo. Pero también políticas desde el Estado que viabilicen estas propuestas. Porque con las compras realizadas por el Ministerio del Interior a estos productores, además de ahorrarse el Estado medio millón de dólares de la distribución oportunista, permitió que estos productores no solo lograran sobrevivir sino expandirse e ir ganado espacio en la cadena.
Organización de los más débiles y políticas que sostienen y promueven desde el Estado para conformar una pinza perfecta, que no debe quedar sólo en la observación y alegría sino en la emulación para otras experiencias de tipo similar.
En otra actividad del mundo cooperativo un experto que visitaba al Uruguay decía ante una reunión de una cooperativa vitícola que más del 50% del vino producido en el mundo sale del trabajo de estas empresas de la economía social, pero cerca del 80 % del valor del comercio de este producto se queda en la cadena de distribución y comercialización. ¡Si habrá trabajo para hacer!
Por eso, dejemos las elecciones para cuando estas sean. Mientras tanto trabajemos para la organización desde el frente social y desde las políticas institucionales para seguir profundizando los cambios. Los verdaderos, los que no informan los medios dominantes. No importa qué vayan a votar dentro de tres años. Lo importante es que cambiemos juntos la sociedad y mañana sepan defender las conquistas que ellos alcanzaron.

Publicado en elcambio.uy