Alejandro Sánchez  

“El gran desafío es trascender a Mujica” Entrevista del Semanario Brecha*

11/10/2016

* Nota aparecida en el Semanario Brecha. Edición 1611 del 7 de octubre 2016. Periodista: Lourdes Rodríguez. Fotografía: Fernando Pena.

 

La posibilidad de que una figura de recambio del MPP asumiera la presidencia del Frente Amplio se desinfló, luego de una nueva derrota en las urnas de un sector hegemónico que intenta emanciparse de Mujica. Por primera vez, luego de quedar por el camino, Alejandro “Pacha” Sánchez vierte su autocrítica.

—¿Qué análisis hace de las internas frenteamplistas, dos meses después?

—Objetivamente, el FA pierde votos con respecto a su última elección y pareciera ser que consolida ese proceso de ir perdiendo el atractivo. Se llegó casi a los 100 mil votos, cuando tuvimos 160 mil y antes 200 mil, pero eso hay que contrastarlo con que ha mantenido su votación a nivel nacional y sale de una elección siendo ganador, cuando todo el mundo pensaba que estaban en juego las mayorías parlamentarias. Ahí hay una explicación, tiene que ver con parte del relato que todos hacíamos en campaña: el FA está desmovilizado, no está dando grandes batallas ideológicas, entra en un círculo vicioso…

—¿Dice que con ese discurso desalentaron la concurrencia a las urnas?

—No digo eso. Digo que el diagnóstico es el correcto y si es correcto, uno no puede esperar que se vote más, todos asumíamos eso. Además se llega a esa elección con la dificultad del contexto económico y la toma de decisiones equivocadas a nivel del gobierno: los 200 pesos de los jubilados, la decisión, hasta ese momento, de no modificar las pautas salariales. En definitiva, el FA termina votando por encima del techo de lo que podía votar. ¿Es para alegrarnos? Sí, es una alegría que esas sean las condiciones. Ahora, acto seguido tenemos que analizar que todo lo que hicimos mal lo tenemos que hacer bien, y nuestra vocación tiene que ser la de convocar más frenteamplistas. Me preocupa que los jóvenes faltaran a la cita en esta elección.

¿Qué pasó con la candidatura de Pacha Sánchez?

—Hubo un menor grado de cruzamiento de votos del que se esperaba. Estábamos convencidos de que iba a ser mayor. Armamos una campaña transversal a los sectores. No era una candidatura del Mpp, era una candidatura que surgía a partir de una acumulación de esfuerzos de diferentes sectores, trayectorias, con un componente diverso…

¿Fue un error que el Mpp presentara un candidato? Si hubiera apoyado a Roberto Conde, como estuvo planteado en un inicio, el resultado hubiera sido otro.

—Está clarísimo eso. Sumando los votos de mi candidatura y la de Conde hay mayoría en el plenario nacional. Ese fue parte del debate del Mpp. Hay quienes creen que ese fue el error, otros creen que cuando uno habla de encarar los problemas que tiene el FA, no se puede andar con la calculadora en la mano. Y acá está el problema. Eso, justamente, es lo que tratamos de dinamitar: la idea de que esta elección era simplemente administrativa del poder dentro del FA y no la de poner determinados énfasis y gestualidades políticas arriba de la mesa para plantearnos la renovación de una fuerza política. Eso fue lo que inspiró. Lo que estaba por detrás es que, aun dividiendo los votos, una propuesta de este tipo podía funcionar porque, como dije, era una candidatura que tenía una plataforma más diversa que el Mpp. Eso generó una acumulación pero no alcanzó para ganar. También me parece que los frenteamplistas, que piensan y razonan, entendieron que el mejor presidente para esta etapa es Javier Miranda. Lo que tenemos que hacer es acompañar esa decisión. Olvidémonos de ver cómo imponemos nuestra posición y pasemos a pensar nuevamente en clave colectiva, que es un poco lo que ha faltado. El FA es y fue una experiencia maravillosa porque quienes lo fundaron y construyeron se dieron cuenta de que la unidad de la izquierda es muy superior a la peripecia de los sectores.

Hace poco más de un año Lucía Topolansky también fracasó en las urnas. ¿Son las primeras consecuencias de un Mpp sin Mujica?

—Bueno, podrían explicarse por ahí. Lo que se explica, en todo caso, es que el liderazgo de Mujica es irreproducible. Mujica tiene un liderazgo, un carisma y una adhesión muy grandes y genera un sector con un nivel de votación extraordinariamente alto. En estas elecciones, en las que Mujica no participó –no hizo actividad–, la 609 fue la primera fuerza. Eso explica que hay una porción de votos de Mujica, pero una cantidad de votos que son de la 609. El gran desafío de la 609 es trascender a Mujica, porque en algún momento no va a estar. Ese es otro de los problemas de la izquierda que hay que poner arriba de la mesa. Parte de por qué algunas de las transformaciones importantes de los últimos diez años de este continente se están viendo interrumpidas es que las izquierdas no fueron capaces de construir nuevos liderazgos y que esos liderazgos fueran más colectivos, porque dependen demasiado de las personas. Venezuela sin Chávez no es lo mismo, Argentina sin Kirchner no es lo mismo, Bolivia sin Evo no es lo mismo, Brasil sin Lula tiene dificultades. Esto nos interpela. La izquierda tiene que tener la capacidad de procesar y generar espacios de renovación para no quedar enganchada a las capacidades de convocatoria que tienen algunos líderes que sintetizaron el pensamiento colectivo y lo personifican. Ahí está el gran debate. Si los valores, las ideas y la coherencia son sólo de Mujica, cuando Mujica no esté, la izquierda pierde ese capital político.

¿No es también falta de capacidad de organización política y de construcción ideológica?

—Puede ser. Creo que el Mpp ha hecho una apuesta fuerte a la renovación. No puedo decir que Mujica no ha habilitado un montón de espacios, y estoy convencido de que pretende seguir trabajando en eso. Hay una apuesta, pero estoy convencido de que ni la renovación de la 609 ni del FA va a poder reproducir los liderazgos de Mujica, Tabaré Vázquez y Astori. Este es el gran desafío en el recambio generacional, pero también en términos de propuestas o ideas.

Justamente, ¿qué es el Mpp ideológicamente?

—Bueno, es una gran pregunta. El Mpp es un movimiento muy amplio que no tiene una definición. No es un partido, por tanto, no tiene una definición rígida de lo que piensa, por algo tiene un formato de movimiento, porque admite cierta diversidad ideológica. Ahora, tiene tres o cuatro ejes fundamentales. Pretende ser una fuerza política de izquierda que se propone transformaciones de la sociedad en la que vivimos hoy a una sociedad mucho más justa en el futuro. El problema es que el socialismo no se instala por decreto. Es una construcción de largo plazo. El Mpp quiere representar a la gente que vive de su trabajo. Eso es mucho más amplio que decir “los proletarios”.

¿Esa falta de encuadre ideológico no es parte del problema también del FA?

—Puede ser, sí. Necesitamos una discusión, no sé si ideológica. Necesitamos una discusión que tiene que ver con cómo renovamos el proyecto de izquierda, cuáles son los caminos, cómo avanzamos en mayores condiciones de igualdad. Últimamente nos quedamos en los lugares comunes de representar la fuerza de cambio, pelear, pero ¿cuáles son los cambios posibles? Hubo una fuerte discusión de las izquierdas en el 60 y que estuvo en el seno del Mpp. Hay quienes decían que si uno participaba en el sistema lo legitimaba. Tenemos que tener una mirada de largo plazo de transformación de la sociedad poscapitalista, pero eso implica asumir tareas hoy en la administración del capitalismo, aunque no para que sea más bueno, porque no existe el capitalismo más bueno. El problema es que si la izquierda llega a los gobiernos y abandona el debate ideológico y de las perspectivas estratégicas, nos transformamos en una nueva élite que es más macanuda porque toma mate y le duelen los pobres.

Ahora, ni Mujica ni Vázquez tuvieron intenciones de hacerle mella al capitalismo.

—Eso es parte del balance que tenemos que hacer a partir de los retrocesos en América Latina. Uno de los problemas es que somos economías dependientes, subordinadas, toda la orientación de nuestra producción está en el mercado internacional: el 95 por ciento de la soja que producimos es para exportar, el 75 por ciento de la carne es para exportar, el 90 por ciento del arroz es para exportar. Por tanto, somos tremendamente dependientes de los precios internacionales y sabemos que el capitalismo vive de crisis en crisis. Cuando caen los precios internacionales tenemos enormes dificultades, porque no tenemos ingresos. Nos perdimos una gran oportunidad de generar un cambio estructural cuando estábamos en el ciclo alto de la economía. De generar un cambio en la matriz productiva para revertir esta situación de primerización de la economía. No tuvimos la capacidad de cobrarle mucho más al capital, inclusive no tuvimos la capacidad política para instalar una discusión de impuestos más justos, como las detracciones.

¿Dice que Mujica dejó pasar la oportunidad?

—No sé si la vio o no la vio.

Pero el ciclo alto de la economía que usted menciona estuvo en su gobierno.

—Estuvo ahí… Ahora, no es sólo una responsabilidad de Mujica, sino de la fuerza social de los cambios. Estos debates no se pusieron encima de la mesa y ese es el segundo error que cometen las izquierdas, quedarnos en la discusión del posibilismo y amputar la posibilidad de discutir el mediano plazo. La política no puede ser el arte de lo posible, tiene que ser el arte de hacer posible lo necesario. Las izquierdas llegaron al gobierno después de un enorme proceso de acumulación, pero también cuando se rompió el consenso neoliberal. El problema es que llegamos al gobierno y dejamos de discutir cuáles son esas alternativas.

Durante la campaña de las internas del FA se habló mucho de “síntesis política”. En el último plenario, el primero con presidente después de mucho tiempo, el borrador sobre “actualización ideológica” se transformó en un documento de “principios y valores compartidos”. Con independencia de los contenidos, es un nombre hasta menos prometedor. ¿Qué expectativas tiene con respecto a que se produzca una discusión de fondo?

—Es lo que hay que tratar de promover. Lo dije en campaña, que antes de un congreso ideológico deberíamos convocar a toda la izquierda latinoamericana para discutir cómo logramos relanzar el proyecto de emancipación. La gran discusión que nos debemos las izquierdas es cuáles fueron los errores cometidos, cuáles fueron los límites de nuestros proyectos y cómo vamos a superarlos en el futuro. Cómo vamos a organizar la esperanza, cómo vamos a generar la militancia desde lo social, cómo revinculamos las izquierdas con los movimientos sociales, la cultura y la academia. Otro de los problemas es que si nosotros no estamos dispuestos a vivir como la mayoría de la gente, perdemos credibilidad. Cuando soy gobierno, me tengo que vincular con todos los sectores, ¿verdad? Con la inversión extranjera, con los sectores del capital… Ahora, ¿quiénes son los que te van a defender en última instancia cuando las papas queman? Es tu base social. Muchas veces terminamos muy abrazados a los sectores empresariales y del capital trasnacional. Esos no van a salir por vos.

¿Está diciendo que el FA descuidó su base social?

—La descuidaron las izquierdas en América Latina. Le pasó a Brasil, lo traicionaron los aliados. Dieron señales para el capital, pusieron el bolsillo y luego lo clavaron de cabeza. Porque en realidad te pueden sonreír porque les conviene, pero no están contigo.

Me vienen imágenes de los asados en el quincho de Varela. Por ejemplo, Laetitia d’Arenberg, que ahora participa de los caceroleos por la seguridad. Pareciera que el FA no ha logrado instalar hegemonías ideológicas.

—No. Tenemos hoy sectores que mejoraron sus niveles de consumo y dejamos de discutir qué es deseable. ¿Qué es mejor, tener un plasma o tener educación? ¿Comprar un libro o championes Nike? Este es el debate ideológico. Hay que relacionarse con todos los sectores sociales, pero siempre hay que pensar en cómo afectan tu base social. Mujica en su gobierno tomó un montón de iniciativas políticas aun estando en contra, y por eso lo reivindico. En la discusión sobre la marihuana o de los derechos estaba en contra o no veía que fuera central, pero permitió que se avanzara en eso porque entendía que ahí estaba su base social. El problema es cuando no logramos resolver bien las políticas salariales o construir consensos acerca de dónde recortar gastos. Había que reducir el déficit, nadie lo discutía, pero el FA no logra discutir francamente con su base social. La más fácil también, en esta lógica sectorial, es ponerse a la izquierda a reclamar que se grave más el capital. En este escenario, es correr al gobierno por izquierda simplemente con una lógica de ser perfilista, para conseguir tres votos más.

¿Se refiere a sus compañeros del Pcu, la 711 o el Pvp?

—No me estoy refiriendo a nadie. Me estoy refiriendo a que necesitamos discutir con sinceridad qué podemos hacer. Porque si no gravamos al capital en el ciclo alto de la economía, ¿lo vamos a hacer cuando se está enlenteciendo? Hay que gravar mucho más el capital, pero en un momento en el que no están llegando las inversiones no es el mejor momento. También es cierto que el capital nunca quiere que se lo grave, esto de que los impuestos son malos es una victoria ideológica de los ricos.

 

La danza electoral

“Sin duda Bergara puede ser candidato”

—¿Mujica tiene que ser candidato?

—Fah… Aspiraría a que el FA construyera otras candidaturas. El FA tiene que tener la capacidad de posicionar una cantidad de compañeros y compañeras que están en condiciones de ser candidatos en 2019 y empezar a mirar esto con una perspectiva más de responsabilidad con el proyecto frenteamplista. Sería un error que se postergara esta discusión. El FA tiene que crear una plataforma para subir un montón de gente. No digo definir, digo ayudar, a quienes están en condiciones, a que larguen, estén en la cancha, los conozcan, moverlos, darles protagonismo.

—¿Arriba del escenario tienen que estar Mujica y Astori?

—Ellos ya están. Me preocupan los otros. Porque lo que va a terminar pasando es que vamos a estar discutiendo cerca de 2019 sin haber logrado construir ninguna candidatura de nada, y vamos a tener que elegir entre Mujica y Astori. Capaz que promovemos todo esto y hay que elegirlos igual, ahora, el FA sería mucho más sensato si asume lo otro.

¿Madurar la candidatura de Mario Bergara desde el Mpp es una posibilidad?

—Bueno, yo esa no la tengo (risas). Bergara es un capital político del FA, es un tipo que es muy lúcido políticamente y técnicamente, en términos económicos. Tiene que estar arriba del escenario, pero tiene que estar él, Yamandú Orsi, el “Pelado” (Daniel Martínez), Carolina Cosse… No quiero quemar a ninguno, pero el FA tiene que potenciar figuras. Yo estoy para promover eso. Con más apertura y menos recelo, no hay que andar a los codazos, tienen que sentirse cómodos. Sin duda Bergara puede ser candidato y si no es candidato a presidente capaz que puede ser otra cosa y seguramente le va a aportar mucho más; dejemos de pensar sólo en el uno.

Dentro del FA, ¿el combate va a ser con el PS?

—No creo que esa sea la lógica a razonar. La discusión no es pescar dentro de la pecera. Hay mucho pobre votando a la derecha, hay mucho trabajador votando contra sus intereses. Porque si uno mira las cifras de las nacionales, no hay un millón de oligarcas en Uruguay. Hay que trabajar para que el FA sea mucho más del 50 por ciento, y eso quiere decir que tengo que trabajar hacia afuera. Los sectores del FA tienen que dejar de ser autitos chocadores y transformarse en una portera para que entre cada vez más pueblo. Si no nos damos cuenta de eso, nos vamos a cocinar en nuestra propia salsa. Y vamos a ser los responsables no de una derrota electoral, sino de la derrota política de un proyecto por el cual mucha gente dejó hasta su vida. Esa es nuestra responsabilidad.

 

Seguridad pública

“El FA no ha tenido la capacidad de generar un discurso”

En los últimos días se produjo una seguidilla de declaraciones por parte de dirigentes de la oposición en torno a la inseguridad (véase apertura de Política). ¿Qué valoración hace?

—La izquierda tiene una enorme dificultad con este tema. Es fácil ser delivery de la política. Piden más penas, pongo proyecto de ley de más penas. Piden más policías, pongo más policías. La derecha ha hecho el juego porque el FA no ha tenido la capacidad de generar un discurso sobre seguridad pública. Cuando se instala la discusión de que se precisa un dirigente autoritario es porque la gente está dispuesta a resignar la libertad por la seguridad. Estamos en un escenario de desestabilización, hay una moda por diferentes caminos: son todos iguales, son todos corruptos y no resuelven los problemas de inseguridad. Lacalle Pou me dice que esto va a terminar mal, Pedro que hay que disolver las cámaras… Estamos frente a una ofensiva muy grande de la derecha, que siente que es el momento oportuno para terminar con el proyecto porque además, a la cola de esto, ha construido un relato de que es “el fin del ciclo”. Creo que estamos por primera vez frente a un hecho importante, porque estamos en el mismo discurso que antecedió al neoliberalismo más brutal y salvaje en América Latina; antes de los noventa el discurso también fue el agotamiento. Es una antesala ofensiva y conservadora enorme. Hay que volver a salir a la calle, como salimos en los noventa, porque si no, no resistimos este embate.