Mauro Mego  

El factor individual y el Frente

24/08/2016

La política la construyen hombres y mujeres. Seres de carne y hueso con deseos, aspiraciones, valores, sentimientos, dolores, formación, personalidad. Por eso la acción política puede ser como el ser humano mismo, sublime o miserable. La política no es una actividad desprendida de su carácter humano, porque la conforman y la hacen humanos, todos los días. Todos de una u otra forma construimos políticamente, como ciudadanos plenos de derechos civiles y políticos, como militantes activos y participativos de un partido político o como actores políticos públicos e institucionales. Por eso, luego de haberse elegido las autoridades del Frente Amplio, nuestra fuerza, y por más que se siga insistiendo con ríos de tinta sobre el tema, los diagnósticos parecen agotarse. Porque abundan los diagnósticos pero nadie resuelve aquella pregunta de Lenin, tan simple y tan compleja a la vez, “¿Qué hacer?”.

Hagamos foco en alguna de esas premisas diagnósticas. Tal vez una de las más extendidas y ciertas sea aquella que define que la llegada al Gobierno ha complicado al Frente Amplio y lo ha metido de lleno en una interpelación permanente. Interpelación con su pasado, con su presente y su futuro. En suma, creo, el gobierno del Frente Amplio ha sido muy bueno para los uruguayos y las uruguayas, pero ha generado un sismo hacia la interna de la fuerza política. Durante estos años desde 2005 hemos advertido lo antedicho, que al Frente Amplio también lo hacemos hombres y mujeres con nuestros aspectos buenos y malos.

Son un montón los desafíos que deberá encarar la nueva conducción del Frente Amplio, pero quiero volver a hacer énfasis en el aspecto individual y colectivo, en donde se juega el futuro de un partido político que se define de izquierda. Si bien es cierto que lo colectivo es lo que determina los rumbos, lo individual no es menor. El individuo y el colectivo tienen una relación estrecha y constitutiva, la construcción colectiva tiene límites si los individuos no contribuyen a ella y sus objetivos. Como dijimos somos individuos humanos quienes componemos al Frente Amplio, no escapamos a esa categoría, formamos parte de una fuerza política plural, heterogénea, compleja y con una historia ya consolidada. Los analistas han hecho hincapié en el “espejo” del fenómeno del Partido Colorado, un Partido de gobierno casi permanente, prácticamente invencible que hoy parece al borde de su desaparición. Los analistas son más audaces aún, advierten que al Frente Amplio puede pasarle lo mismo, en un tiempo menor. Pero, ¿por qué?

El Frente parece estar viviéndolo en carne propia. Es cierto que estamos, como partido político, absorbidos por la dinámica del gobierno y en algunos casos hasta por la dinámica estatal. Eso ha ido generado, también desde una lógica individual, el “gobierno-centrismo”, una construcción de discurso, análisis y agenda permanentemente ligada al lugar en que cada compañero se inserta en la institucionalidad. Los parlamentarios con la lógica parlamentaria, los del Ejecutivo con la suya, y así.

El problema radica en cuanto a ¿en qué medida estamos tomando distancia de nuestras “burbujas” a la hora de analizar la realidad? ¿La realidad es la que todos los días veo en mi entorno próximo? Eso entraña, entre otras cosas, el peligro de manejar una agenda alejada de los elementos centrales de vida cotidiana de las mayorías populares, o aún peor, hablar por ellas cuando se pueda desconocer sus sentires elementales. Por lo tanto en esta tensión parece ir ganando el gobierno, y con ello, otro peligro del que el Partido Colorado ya fue víctima, que fue la consolidación de un “elenco casi permanente de gobierno” que también, adelanto, contribuye a cierta pérdida de audacia y frescura, devorados por la maquinaria burocrática.

Debemos admitir que es necesario cubrir la institucionalidad con compañeros y compañeras de inmersión en nuestra concepción política y en nuestro programa, que sean militantes. Es bueno que responda esa selección a los “equilibrios” dentro del Frente Amplio, pero es necesario admitir que no todos servimos para todo, y que se hace importante concebir cierto grado de idoneidad (tranquilos que no hablo de “tecnocracia”) a la hora de dar responsabilidades públicas o de gestión. Así podemos caer en el riesgo de ver cómo tenemos un elenco estable de gobierno en que hombres y mujeres navegan de un lado a otro de las responsabilidades institucionales, es decir: un día dirigen un área, otro día dirigen otra diametralmente diferente. Intuyo que este mecanismo, que el Partido Colorado vivió, fue en su momento un sistema de “salvataje” político a correligionarios con menos suerte en las pugnas electorales, que de algún modo daba tranquilidad al partido y sus expresiones en el gobierno.

Espero que no estemos transitando ese camino, cuyo mensaje no solo es complejo de digerir para los militantes sino para el ciudadano atento y –cada vez más– desconfiado de los móviles de la política. Esto no solo esclerosa la tarea del gobierno, la vuelve predecible y a veces incorrecta, sino que contribuye a abrir una brecha aún mayor entre los militantes de la estructura orgánica (a menudo inmersos totalmente en la vida cotidiana, en su trabajo, en su barrio, en su familia) y quienes forman parte de ese elenco gobernante cuasi permanente.

Por supuesto, como al inicio, la respuesta también a este drama puede ser individual. De ese modo parece no terminar de regenerarse la estructura militante cada vez más escuálida en términos cualitativos, porque consciente o inconscientemente hemos ido desmembrando esa elemental usina de creación que es la fuerza política. ¿Cuántos compañeros y compañeras hoy están dispuestos a abandonar una responsabilidad institucional cuando un colectivo les exija que su mejor aporte debe estar dentro de la orgánica de un sector, de un comité de base o del Frente Amplio? ¿No juega lo individual un papel central en ese tipo de definiciones? ¿Habrá un sacudón que resuelva lo que plantean todos los análisis? El tiempo lo dirá.
 

Publicado en Diario La República