Mauro Mego  

A propósito de las Internas del Frente Amplio

01/08/2016

En los últimos tiempos el Frente Amplio se ha transformado en un verdadero monstruo electoral. Lo ha hecho de manera sostenida durante tres ciclos electorales, elecciones nacionales 2004, 2009 y 2014. Ese crecimiento exponencial y sostenido –sumado a los grandes actos de masas que ha hecho el Frente Amplio– ha cambiado nuestra perspectiva y ha elevado nuestro criterio para analizar la realidad electoral. Esos elementos (éxitos sostenidos, actos y movilizaciones masivas) hacen que hoy no nos quedemos conformes con cualquier cosa. Eso tiene un lado bueno, que habla de un partido político que creció e hizo crecer sus horizontes de comprensión, pero tiene un lado malo, aquel que nos nubla la capacidad de analizar cada fenómeno con el lente adecuado.

Esa elevación de nuestras expectativas a partir del crecimiento va de la mano con la incorporación negativa de una “agenda” propuesta por los partidos de oposición y algunos medios importantes de nuestro país. Los partidos de oposición, que no logran madurar ningún proyecto viable y serio para disputar el gobierno a la izquierda, fomentan diariamente esa idea de que el Frente Amplio está obligado a “demostrar fuerzas” todo el tiempo y que si en algún caso eso no se consiguiese sería señal clara de descontento y augurio de un fracaso electoral que sería inminente.

Lo mismo ocurre con determinados grandes medios nacionales, que tienen el lente agudo para observar cada movimiento del Frente Amplio en donde las cosas negativas son siempre más subrayadas que aquellas que demuestran signos positivos del desarrollo de la fuerza política. Pero, más allá de estos elementos que han cambiado nuestra percepción como militantes de izquierda, es necesario hacer un análisis primario objetivo y con el lente preciso para la ocasión. Sino corremos un riesgo adicional, que es el de construir nuestra agenda y elaborar nuestros juicios sobre determinados hechos a partir de esa “otra agenda” relatada anteriormente, llenándonos de un pesimismo estructural y corrosivo para el proyecto de izquierda. Cabe decir también que esa “otra agenda” no solamente proviene de la derecha sino que tiene sus pregoneros internos, que son de lo más eficientes para el propósito. A continuación vamos a enumerar algunos elementos de análisis primarios y “en caliente” respecto de las elecciones internas del Frente Amplio realizadas el pasado domingo 24 de julio.

1. El Frente Amplio es la única fuerza política de este país en elegir de manera abierta y democrática a sus autoridades internas. Presidente, Mesa Política, Plenario Nacional y Departamentales. Es decir, este mecanismo abierto permite que cualquier adherente (que figurara en el padrón de afiliados al Frente Amplio) pueda elegir libremente la composición de los órganos más importantes de un partido político. También el mecanismo permite a aquellos que aún no estuvieran adheridos a hacerlo y en el mismo acto votar. Este acto eleccionario, con estas características, solo lo ha hecho el Frente Amplio y con un dato no menor: El Frente Amplio ejerce el gobierno y no se encuentra en uno de sus mejores momentos. La primera conclusión es qué solo el Frente Amplio elige sus autoridades partidarias de esta manera.

2. Cuando hablamos de una elección interna debemos ser precisos. Esta elección pasada debe compararse con elecciones de su misma naturaleza. No estamos hablando de una elección interna que definiera candidatos a alguna responsabilidad institucional, por ejemplo, candidatos a intendente o presidente. Hablamos de una elección con el objeto de decidir sobre las autoridades partidarias permanentes tanto nacionales como departamentales, autoridades individuales (presidente del partido político) como autoridades colectivas (Plenarios). Es muy importante hacer esta precisión para calibrar el peso de los números y hacer un ejercicio comparativo que resulte operativo y no sea un mero mecanismo de la “máquina del pesimismo” montada por algunos. Es decir, hablamos de internas porque lo que se eligió fueron autoridades partidarias, y la masa de votantes, por tanto, se define bajo criterios más firmes de "pertenencia" al partido (militantes, adherentes o afiliados). No es comparable este evento democrático del Frente Amplio con otros de diferente naturaleza como las elecciones internas previstas por la Constitución (que obliga a los partidos a comparecer a las mismas) ni mucho menos comparables con las elecciones nacionales, obligatorias, en las que se elige la composición de las Cámaras y la Presidencia de la República.

3. En estas pasadas internas partidarias del Frente Amplio votaron casi cien mil personas. Hablamos de 92.000. El politólogo Daniel Chasquetti escribió en su Columna de Montevideo Portal el pasado 26 de Julio : “Las autoridades provisorias del Frente Amplio comunicaron el domingo que habían votado 92.000 ciudadanos, lo cual equivale al 4% del electorado nacional. Si consideramos la situación crítica que vive el partido de gobierno, no dudamos en calificar esta votación como excepcional”. Movilizar al 4% del electorado nacional en una elección que define autoridades –permítaseme el término– “internísimas” no es poca cosa, y más aun navegando aguas turbulentas desde la gestión de gobierno. Recordemos que hablamos de un país como el nuestro en donde la población total ronda los tres millones de habitantes. Resulta absurdo, en términos analíticos, salvo que se pretenda otra cosa, comparar este momento político con el de otras instancias similares. Para cerrar este punto quiero volver a citar a Chasquetti en su columna: “En tiempos donde muchos analistas vaticinan con liviandad un triunfo de la oposición en 2019, el Frente Amplio ha dado pruebas de ser una fuerza política extremadamente enraizada en la sociedad uruguaya. Después de este domingo queda claro que quien quiera desalojarlo del gobierno, deberá realizar un esfuerzo superlativo”.

4. Salgamos de nuestro país para calibrar esos 92.000 orientales que un helado domingo de julio decidieron ir a elegir las autoridades de un partido. En Chile, un país de 18.191.884 habitantes (estimación 2016) el Partido Demócrata Cristiano (principal integrante de la Concertación que hoy gobierna Chile con Bachelet) realizó elecciones internas para elegir Jefatura del Partido en lo Nacional e Interior. Venció Jorge Pizarro, que encabezaba una de las tres listas a consideración, con 14.003 votos. El total de votos de esas internas partidarias hechas en 2015 fue de 19.215 votos. Otro caso para el análisis es el del PT de Brasil que en 2013 eligió presidente del partido y Dirección Nacional, estaduales y municipales. Los habilitados según el padrón del PT fueron 806.000.

Recordemos que Brasil tiene unos 204.450.649 de habitantes (2014). Se emitieron 421.832 votos repartidos entre los seis candidatos (Rui Falcao, Paulo Teixeira, Renato Simoes, Valter Pomar, Markus Sokol, Serge Goulart). Rui Falcao fue electo con el 69,50% de los votos (268.243) y el segundo fue Paulo Teixeira con 79.494 votos que representan el 20,6%. Pero crucemos el Atlántico, veamos que sucedió en la elección del presidente del Partido Laborista inglés del año pasado. Partamos del hecho de que Inglaterra tiene una población total de 53.012.456 habitantes.

En el caso de estas internas partidarias votaron 422.000 (aparentemente casi el 100% de los habilitados para votar) divididos entre los cuatro candidatos a consideración entre los laboristas: Jeremy Corbyn, Liz Kendall, Andy Burnham e Yvette Cooper. Corbyn resultó electo con 251.000 votos. Estos tres ejemplos mencionados, el PDC chileno, el PT de Brasil y el Laborismo inglés, son ejemplos de elecciones de similar naturaleza que las del Frente Amplio del pasado domingo 24: elecciones para definir autoridades partidarias con convocatoria a adherentes y/o afiliados de cada partido. Si uno ve las cifras en comparación a la cantidad de población (por no traer a colación otras variables como las tradiciones políticas, la historia, la cultura) verá cuán notable son nuestros 92.000 votos del paisito. Por ejemplo, si vemos que el Frente Amplio movilizó al 4 % del electorado nacional, veremos con una simple operación que esos 92.000 serían alrededor del 3% de la población total del país. El PT de Brasil habría movilizado el 0,2 % de la población del país, el PDC de Chile habría hecho lo propio con el 0,1% de su población y el tradicional Laborismo Inglés, en el marco de una democracia ya legendaria para occidente, habría movilizado al 0,7 % de su población. Nótese que comparé a partir de la variable de población porque carezco de datos respecto de los correspondientes electorados habilitados, pero los números son igualmente significativos. En otro ejemplo de naturaleza distinta, en Perú, el Frente Amplio de ese país (que resultó tercero en las elecciones generales, no ingresando al balotaje) hizo elecciones internas pero para elegir candidato y de carácter abierto resultando un número de votos totales de 32.000 personas. Perú en su último censo registra 28.220.764 habitantes, se estiman hoy un número superior a 30 millones. De modo que, por lo dicho líneas atrás, lo de nuestro Frente Amplio es más que significativo.

5. Pero hay consideraciones de otro orden para hacer. Es cierto que hay un sinfín de desafíos para encarar como gobierno pero también como fuerza política. Es cierto que hicimos una elección de autoridades del Frente Amplio en una coyuntura política muy compleja, con un escenario económico desacelerado y además, como elemento autocrítico, no se eligió el mejor momento del año –el helado julio– para hacer una convocatoria de ese tipo. Creo particularmente además que faltó dinámica desde buena parte del Frente Amplio en el desarrollo de la campaña y faltó más involucramiento de nuestras principales figuras como de sus organizaciones políticas. Fue tal vez una campaña cuya principal polea fueron los Comités de Base. Pero hay una disociación importante y determinante de cara al futuro. El Frente Amplio ha acogido este mecanismo abierto y de adhesión simultánea para elegir sus autoridades con el objetivo de abrir “puertas y ventanas” al ciudadano común, en un Frente Amplio cada vez más votado. Es evidente que al Frente lo votan y adhieren, en términos generales, una mayoría abrumadora de orientales que no participan –y a lo mejor ni quieran hacerlo– de la orgánica cotidiana de la fuerza política. Muchos desconocen de qué hablamos cuando por ejemplo hablamos de “las Bases”, del “Plenario Nacional” y demás. Sería ideal que todos los ciudadanos estuvieran lo suficientemente instruidos como para conocer esto y otros temas, pero la realidad marca otra cosa y cuya solución de fondo nos excede en buena parte. La elección se vuelve extremadamente compleja cuando el ciudadano común tiene que poner cinco papeletas en un sobre, cuando vota presidentes (Nacional y Departamental) y Plenarios por los sectores (Nacional y Departamental) y debe marcar con una “X” a algún compañero “por las bases” al Plenario que ni siquiera en muchos casos conoce o no le cierra mucho la idea de que son “militantes de base” cuando en muchos casos se sabe que tienen pertenencia sectorial clara. Porque jamás sabremos del todo qué mueve al ciudadano a ir a elegir a las autoridades del Frente. En suma, abrimos la elección de autoridades del Frente Amplio hacia toda la ciudadanía con el objetivo de adecuarnos a nuestra realidad, pero mantuvimos incambiada e intacta una estructura interna complejísima que no se lleva para nada bien con el mecanismo definido para la elección. No encastran bien, elegimos todos sin distinciones la conducción del Frente Amplio pero sobre una estructura que solo conoce quien permanece dentro de un Comité de Base. Resulta un ejercicio complejo, confuso y con escaso atractivo para comunicarlo.

6. Es evidente que esta muy buena elección de autoridades del Frente Amplio –como creo que lo fue– no va a resolver todo ni debe ser una excusa para seguir como estamos. Daniel Chasquetti dice algo central en su columna de Montevideo Portal del pasado 26 de julio : “La pregunta que sigue es obvia: ¿el buen desempeño del Frente Amplio en esta elección resolverá la crisis en la que está inmerso? La respuesta es no. La crisis obedece a otros factores cuyo análisis ha sido postergado sistemáticamente. Parece obvio que la organización institucional debe ser revisada y ajustada a la nueva realidad. Que un partido de un millón de votos no puede ser controlado por pequeños grupos que apenas superan los dos o tres puntos del electorado. Parece también razonable que el Frente Amplio debe iniciar una profunda discusión respecto a su desempeño en el gobierno”. Creo que en pocas líneas concentra una interpretación racional de lo que sucede. Debemos ser equilibrados con los juicios, no enarbolarnos en la soberbia y en el exitismo, ni en la autoflagelación que parece hoy haberse constituido en toda una industria de la que lamentablemente todos los frenteamplistas estamos consumiendo en demasía.
 

Referencias:
1 - Daniel Chasquetti en http://columnistas.montevideo.com.uy/uc_302234_1.html

2 - Agradezco los aportes del compañero Lic. Sebastián Valdomir.

3 - Chasquetti, Daniel en http://columnistas.montevideo.com.uy/uc_302234_1.html

 

Publicado en Diario La República